miércoles 11 de diciembre de 2019
Historias deportivas
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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Nacho Sánchez Romo (Las Palmas de Gran Canaria, 11 de febrero de 1993) jugó la última media hora del Sporting de Gijón-Numancia del pasado sábado. Viendo un resumen del partido, parece que lo jugó completo. Era la ocasión número 126 en la que el extremo rojillo se enfundaba la camiseta de su equipo, incluyendo partidos de Segunda división, de promoción de ascenso a Primera y de Copa del Rey.

Nacho adelanta en esa clasificación histórica de partidos jugados con el Numancia a dos sorianos, casualmente padre e hijo, Chus Martínez y Mario Martínez, quienes disputaron los mismos partidos oficiales con el equipo, 125. Ningún soriano había jugado más que ellos. Aunque Nacho no nació en Soria ni vivió su infancia completa en la provincia, su familia es soriana y desde niño ha sido fiel a los partidos del CD Numancia desde su asiento en la tribuna general, donde acudía a ver los partidos junto a su padre.

Nacido en la capital de la isla de Gran Canaria, el futbolista se marchó a vivir a Logroño cuando apenas tenía ocho meses, por motivos laborales de sus padres. Allí, en Logroño, transcurrieron los primeros 18 años de su vida, de los cuales la gran mayoría tuvieron como compañero de viaje al fútbol, todavía lejos de imaginarse que algún día podría dedicarse de manera profesional a él.

Empezó a jugar con apenas cuatro o cinco años en Escolapios, en su colegio, y después militó en el Calasancio hasta categoría infantil. En tierras riojanas todavía perteneció a tres clubes más. Como cadete jugó en el Mareo, la escuela que el Sporting de Gijón tiene en Logroño por la buena relación futbolística entre ambas ciudades. Allí hicieron una gran temporada, ganando todos los partidos. Nacho, que todavía era delantero puro aunque ya se empezaba a escorar a la izquierda, marcó una gran cantidad de goles.

Como juvenil debutó en el Varea, en División de Honor, hasta que un entrenador decidió en diciembre dejar de contar con dos jugadores del equipo, Nacho y un compañero. Ambos se marcharon entonces al Comillas, el antiguo Loyola, que jugaba una categoría más abajo, en la Nacional Juvenil de La Rioja. Eligieron ese equipo por la buena relación con el técnico.

Aquel fue su último año en Logroño. Terminada la Educación Secundaria, Nacho debía elegir una carrera y un lugar para cursarla. La carrera terminó siendo Enfermería, mientras que la ciudad elegida fue Soria por varias razones. Primero, por ser aquella que visitaba con frecuencia los fines de semana para ver la tierra de sus padres y los partidos del Numancia. Segundo, porque él quería seguir jugando en División de Honor, pero prefería el grupo madrileño, en el que entonces militaba la escuadra numantina, antes que el vasco. Y tercero, porque tuvo la suerte de que el Numancia finalmente le fichara para su tercer y último año como juvenil, en el que fue entrenado por Ruta.

Finalizado aquel ejercicio en División de Honor, el paso lógico habría sido jugar en Tercera, en el Numancia B. Sin embargo, por segunda vez en su carrera, con apenas 19 años, le dijeron que era mejor que buscara otro destino, que todavía era demasiado joven para jugar en esa categoría.

Estudiando todavía Enfermería en Soria, no es extraño que Nacho se decantara por enrolarse en las filas de otro de los equipos sorianos de Tercera, la SD Almazán. Era la temporada 2012-2013. Comenzó entonces una etapa muy bonita en su carrera futbolística, ya no como delantero sino como extremo izquierdo. Nacho jugó tres temporadas en la Villa del Mueble, las tres con Luis de Miguel como entrenador, del que guarda un gran recuerdo.

El primer año se salvaron con tranquilidad, el segundo empezaron a asomarse a la zona media-alta y en el tercero se quedaron a dos puntos escasos de meterse en la promoción de ascenso a Segunda B, gesta que el Almazán solo había conseguido en la campaña 1990-91.

Esa gran temporada 2014-15 del equipo adnamantino y la juventud de Nacho (22 años) no pasaron inadvertidas para el Numancia, que decidió contar esta vez sí con él para su proyecto de Tercera división.

Nacho aceptó la propuesta pero puso una condición: haría la pretemporada con el primer equipo, que por aquel entonces acaba de fichar a Jagoba Arrasate. El Numancia también aceptó, y aquella pretemporada cambió la vida de Nacho, pues no es algo muy frecuente dar el salto de jugar tres años en Tercera a jugar en el fútbol profesional, en Segunda. Reconoce el jugador que «era una oportunidad buena y tuve un poco de suerte. Lo más importante en el fútbol es el trabajo y la constancia, pero hace falta que la suerte acompañe un poco».

Esa ‘suerte’ de la que hablaba Nacho esta mañana recordando el verano de 2015 es que Arrasate contó con él en toda la pretemporada, en la que anotó cinco goles y se convirtió en el pichichi del equipo. Su velocidad, su desborde y su facilidad para encontrar puerta convencieron a Arrasate. Aquella temporada 2015-2016, Nacho solo jugó un partido con el filial rojillo, el equipo para el que teóricamente había fichado como demostraba su dorsal 27. En el Numancia de Segunda disputó 26 partidos ligueros, 11 como titular. Arrasate ya le había colocado en el lado derecho del ataque y durante la temporada ya consiguió firmar su primer contrato como profesional.

Ese fue un año en el que el jugador vivió toda la ilusión del salto al profesionalismo, algo que le habría costado imaginar no mucho tiempo antes. Su segundo año, el segundo de Arrasate, le sirvió para vivir el lado menos agradable del fútbol: «Nos costaba mucho sacar puntos, se complicó la salvación, y cuando perdimos 0-2 contra el Mirandés (último partido, ya salvado el equipo desde la jornada anterior) hubo pitos en Los Pajaritos». Sin embargo, también vivió algo bonito, al heredar el dorsal número 11 de Javier del Pino, uno de sus ídolos junto a Julio Álvarez cuando iba a ver al Numancia. El propio Del Pino fue a hablar con él para proponérselo, algo que Nacho aceptó gustoso pues sus dorsales favoritos son el 7 y el 11. Jugó 28 partidos, 16 de titular.

El Numancia decidió seguir apostando por Arrasate y la campaña 2017-2018 está ya marcada con letras de oro en la historia del club. Tras eliminar en Copa fuera de casa al Oviedo y al Sporting, al Numancia le tocó el Málaga en dieciseisavos. Un gol suyo en la ida en Los Pajaritos, en el minuto 88, fue decisivo para avanzar de ronda y medirse en octavos con el Real Madrid, en una eliminatoria más reñida de lo que dice el 0-3 de la ida. Nacho disputó la vuelta completa, los 90 minutos en el Bernabéu con el empate a dos.

 

Su mejor recuerdo futbolístico es de esa misma temporada, pero de la otra gran competición: la Liga. Tras clasificarse para jugar la fase de ascenso por una carambola en la última jornada de la campaña regular, el Numancia eliminó en semifinales de la promoción al Zaragoza en La Romareda con aquel gol de Diamanka cerca del final. Ese podría haber sido su segundo mejor recuerdo si la semana siguiente el Valladolid no hubiera sido el equipo que finalmente logró el ascenso a Primera. Ese año jugó 36 partidos (28 Liga, 3 fase ascenso, 5 Copa), 16 de titular.

Arrasate marchó a Osasuna y López Garai vino al Numancia. Su propuesta de juego era diferente, como reconoce Nacho, «y cuando nos salía un partido bueno hacíamos muy pequeño al rival». Sin embargo, poco a poco, el equipo empezó a perder confianza, y el jugador cree que «eso se notaba en que perdíamos balones y generábamos fragilidad defensiva, aunque por suerte se mantuvo la categoría». En su línea habitual de regularidad, disputó 26 partidos de Liga, 14 como titular.

Además, metió dos goles, los mismos que en sus dos ejercicios anteriores y uno más que el año de su debut. Nacho, al que sus goles en la pretemporada de 2015 le abrieron las puertas del fútbol profesional, piensa que para ser más anotador en Liga le ha faltado una mayor continuidad en las titularidades, algo en lo sigue trabajando día tras día como demostró este sábado en Gijón.

Este año, con Luis Carrión en el banquillo, Nacho y todos sus compañeros se encuentran con una nueva propuesta de juego, «basada mucho en los robos de balón, en la verticalidad, en terminar las jugadas. Es un estilo que me gusta». Salvo en el primer partido contra el Alcorcón, en el que fue lateral derecho por la sanción de Calero y la reciente incorporación de Sola, Carrión ha vuelto a utilizar siempre a Nacho como carrilero llegador, desbordador y finalizador de jugadas. De momento lleva siete partidos, dos como titular.

Más allá de cuestiones personales, su objetivo para este año es la permanencia del equipo, si bien reconoce que en la situación actual, y si se siguen haciendo bien las cosas en cada partido, es difícil no pensar en algo más, en estar más cerca de la zona alta.

Con 26 años, ante la perspectiva de una carrera a la que todavía le quedan unas cuantas temporadas, su sueño sería ascender a Primera división, y hacerlo con el Numancia. Y, por supuesto, su otro sueño sería jugar en Primera, «que es a lo que aspiramos todos los jugadores». A veces los sueños se cumplen y Nacho, que tiene contrato con el Numancia hasta junio de 2022 tras haber renovado el año pasado, trabajará duro para que los suyos futbolísticos se hagan realidad.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Entre el sábado y hoy martes, los aficionados sorianos al voleibol habrán podido ver por la ciudad un rostro conocido, el del colocador checo (checoslovaco cuando llegó a Soria), Roman Macek. Nacido el 26 de septiembre de 1962 en Zlin, ciudad llamada Gottwaldov entre 1949 y 1989, la vida de Macek ha estado siempre ligada al deporte del voleibol.

Ya desde niño, de los 11 a los 15 años, comenzó su relación con el voley en la todavía Gottwaldov. Con 15 años, en 1977, abandonó su localidad natal para formarse en el instituto y en la Universidad en la segunda ciudad más grande de la actual República Checa, Brno, a una hora de su casa. Allí permaneció diez años, hasta que el cumplimiento del servicio militar le llevó a otra de las principales ciudades del país, Liberec, donde jugó un año y con el que jugó la final contra el equipo más potente de la época, el Aero Odolena Voda, de cerca de Praga.

Uno de los grandes giros deportivos de su vida llegó en el curso 1988-89, cuando varios jugadores de voleibol decidieron juntarse y crear un equipo potente en Zlin. Tan potente fue que completaron toda la Liga de Segunda división sin perder un solo set. Como campeones de Chequia, se jugaron el ascenso a Primera contra los campeones de Eslovaquia, Nitra, a los que también derrotaron.

 

El curso 1989-90, por tanto, fue el primero del Zlin en la máxima categoría. Su primer partido de la temporada se jugó el 17 de noviembre de 1989, viernes. Puede que esa fecha no sea muy llamativa en España, pero en Checoslovaquia, en Praga, aquel día se produjo la famosa Revolución de Terciopelo que condujo a la desaparición del comunismo apenas unos días después de la caída del muro de Berlín. Por supuesto, mientras se jugaba aquel partido, nadie en el polideportivo sabía nada de lo que estaba sucediendo en la capital del país.

En esa temporada 1989-90, el Zlin terminó tercero de la Liga checoslovaca. El gran rendimiento de Macek como colocador del equipo le llevó a disputar el Campeonato del Mundo de Brasil, donde Checoslovaquia fue novena. En aquel equipo también estaba Petr Gallis, que posteriormente hizo una gran carrera en España, tanto en Soria como en Canarias.

Apenas unos días después de regresar de Brasil, a principios de noviembre de 1990, el sorteo de la Copa CEV deparó un enfrentamiento en primera ronda entre el San José de Soria, que venía de eliminar en la previa al Petange de Luxemburgo, y el Zlin. Como era relativamente habitual en esa época, el Zlin aceptó jugar los dos partidos en Soria, tanto la ida como la vuelta. El primer día ganó el Zlin 10-15, 10-15, 14-16. El segundo, mucho más holgado: 8-15, 6-15, 7-15. El Zlin cayó en segunda ronda con la Sisley de Treviso, que estaba empezando a fraguar aquel equipazo de los 90 y que ya esa temporada se proclamó campeón de la Copa CEV.

De aquellos dos partidos en Soria, la directiva de José María Uriel se fijó en dos jugadores: el colocador Roman Macek y el receptor Zdenek Melicharek. Movió sus hilos, y ambos vinieron a Soria el año siguiente, para el curso 1991-92. El San José también quiso fichar al poderoso opuesto del Zlin, pero a este no le convenció el duro suelo de La Juventud.

Aun así, Soria cambió tres jugadores búlgaros por tres checoslovacos (la escisión entre República Checa y Eslovaquia se produjo poco después, en 1993), ya que junto a los dos deportistas del Zlin llegó también Stan Pochop, aquel central que empezó tarde en el mundo del voleibol y que progresó a lo grande en su larga estancia en Soria. Pochop vino porque compartía representante con Macek.

Melicharek solo estuvo esa temporada en Soria, pero Macek completó tres ejercicios completos. El 91-92 fue el primero en el que Soria se incrustó en la élite del voleibol español al terminar en tercera posición en la Liga. Eso mismo sucedió en la 92-93. Curiosamente, en esas dos temporadas, el San José también terminó tercero en la Copa del Rey. De aquel año 92-93, recuerda Macek que en la primera ronda de la Copa CEV ganaron 3-0 al Lugano suizo en la ida de la primera ronda. En el encuentro de vuelta, Soria ganó la primera manga, así que los jugadores casi preferían que disfrutaran del resto del partido los menos habituales, una vez conseguida la clasificación matemática. El técnico Humberto Rodríguez, sin embargo, apostó por mantener a los titulares, y uno de ellos, Ernesto Rodríguez, se lesionó de gravedad en el tobillo dejando mermado al equipo para lo que restaba de temporada.

Esa dinámica positiva de los dos años anteriores animó al San José a solicitar la organización de la siguiente edición de la Copa del Rey. El equipo soriano logró clasificarse para la final, en la que se iba a enfrentar al entonces todopoderoso Guaguas (Pepsi Gran Canaria), que venía de ganar las cuatro últimas Ligas y las tres últimas Copas.

El San José ganó el primer set 15-12, pero Gran Canaria dominó con claridad los dos siguientes (8-15, 6-15). El técnico soriano, el brasileño Paulo Russo Sevciuc, propuso que participaran todos los jugadores para lo que quedaba de duelo. Los titulares y veteranos lograron convencerle de que «queríamos y podíamos ganar en casa», como se demostró con el 15-7 del cuarto set. El quinto, con un pabellón de La Juventud abarrotado y enfervorecido, terminó con aquel remate del opuesto Golec que el árbitro pitó fuera y que supuso el triunfo 15-12 del Grupo Duero San José.

En Liga, sin embargo, volvió a ganar Gran Canaria por cuarto año seguido, aunque el San José mejoró hasta la segunda posición.

Aquel 93-94 fue el último año de Macek en Soria. Ello le impidió disfrutar de los grandes éxitos del equipo en los dos cursos siguientes: el título liguero tanto de 1995 y 1996 y la final de la Recopa de Ginebra de 1995.

El colocador checo decidió entonces regresar a casa, a Zlin, una ciudad aproximadamente el doble de grande que Soria, de unos 80.000 habitantes, con la que inevitablemente encuentra muchas similitudes.

En estos 25 años transcurridos desde su marcha de Soria, Macek ha permanecido siempre ligado al equipo de voleibol de Zlin, que nunca ha bajado de la máxima categoría y que llegó a ganar la Liga de su país en 1999, casualmente el año de la tercera y última Superliga soriana. En los primeros años, todavía jugó, pero poco a poco empezó a ocupar tareas de entrenador y director deportivo.

El compromiso de Macek va más allá de su club y del deporte. El excolocador internacional forma parte también de la directiva de la Federación Checa de Voleibol y, además, es el presidente de la llamada Extraliga, la asociación que reúne a los equipos de la máxima categoría. En su ciudad ocupa un cargo de concejal, con lo que tampoco rehúsa el trabajo desde la política.

En todo este tiempo, Macek no se ha olvidado de Soria gracias a las amistades que hizo en la ciudad en esos tres años. Además, su hija mayor, Klara, nació en la República Checa pero fue engendrada en Soria, ya que Roman vivió también con su mujer en España. Su hijo pequeño, Roman, ha preferido el fútbol y con acierto, ya que ha jugado en la Juventus de Turín y en la actualidad defiende los colores del Lugano suizo, una ciudad que ya conoció su padre.

Estos días, Macek ha estado visitando esas amistades (Uriel, Juan Carlos, bar Ayllón…) y recorriendo algunos de los parajes de la provincia que él ya conocía, pero no el amigo con el que ha realizado este viaje (Laguna Negra, Vinuesa…). Desde que se marchó en 1994, ha vuelto cuatro o cinco veces a Soria, una ciudad de la que guarda maravillosos recuerdos tanto por las facilidades para practicar deporte como por las facilidades para conectar con la gente («saben vivir»), algo que ha seguido conservando con el paso de los años.


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El atleta con la foto de su primera carrera en 1980 (II Cross de Abejar)

HISTORIAS DEPORTIVAS. Abejar nota este verano la ausencia de Teodoro Oliva Lázaro (20-5-1940) entrenando por sus calles en los días previos a la carrera más veterana de la provincia, el Cross Popular, una operación de la que está pendiente le impide este año correr la edición número 40 de esta prueba pionera.

Teodoro Oliva es el corredor más veterano del cross decano en la provincia, y no solo por su edad, 79 años, sino porque ha competido en 37 de las 39 ediciones anteriores.

“El cross empezó en 1979 y ese primer año no pude competir porque trabajaba en la Venta Nueva y no tenía permiso”, explica el atleta abejaruco, que en muchas otras ediciones le ha tocado madrugar para ir a su puesto de trabajo y estar a las 12.00 horas en su pueblo atento al pistoletazo de salida.

“El año que me jubilé, en 2005, el médico tampoco me dejó competir, ni se te ocurra me dijo, empecé a correr un día sí y uno no y me fastidié la rodilla, el traumatólogo me dijo que hacía algo raro, y yo solo le dije que entrenar”, señala Teodoro sobre su segunda ausencia en esta carrera.

Mañana domingo, la veterana cita cumple 40 años (desde las 10.00 horas) y Teodoro Oliva no estará recibiendo los ánimos de sus vecinos durante el recorrido de los 4.400 metros, ni chocando las manos de sus paisanos al cruzar la línea de meta, pero sí que estará para recibir un homenaje como el atleta que más ediciones ha corrido.

Este año está pendiente de una operación y no ha podido entrenar, pero no descarta que en la 41º edición vuelva a hacerlo ya que este deporte “es un vicio” que cuesta dejar.

En su casa, entre una gran multitud de recuerdos y artesanía de madera hecha con sus propias manos, tiene diez trofeos conseguidos en el Cross de Abejar, y otras cinco medallas de otras citas deportivas de la provincia.

Teodoro Oliva ha compartido esta prueba con atletas olímpicos como Abel Antón, que participó en sus primeras ediciones, aunque problemente sea el abejaruco el que más veces haya subido al podio en su pueblo.

Las 37 ediciones ha participado como veterano, ya que en su primera carrera él tenía 40 años, fue en 1980, el segundo año del Cross de Abejar, y de entonces ya tiene guardada la primera copa. El último galardón es del año 2005 (año que no corrió y recibió otro homenaje) y entre medias tiene trofeos de 1981, 1983, 1985, 1986, 1987, 1989, 1994 y 2000.

También ha conquistado algún trofeo como mejor atleta local, un reconocimiento que se realizó durante alguna edición, aunque señala que algún año lo ha cedido a algún vecino de fatigas.

La localidad de Abejar fue pionera en realizar una carrera popular, y se mantiene, aunque Teodoro Oliva recuerda que también compitió en Covaleda “cuatro o cinco años”, coincidiendo con las fiestas de San Lorenzo, de donde también conserva algún galardón.

En estos años corriendo también ha participado en alguna edición que se celebró en el vecino pueblo de Cabrejas de Pinar, en El Burgo de Osma y en la Soria-Valonsadero, “que entonces se hacía al revés, de Valonsadero a Soria”.

Correr le ha gustado “desde el colegio” y su pueblo, Abejar, siempre ha sido su mejor pista de entrenamiento, “por las calles o a veces hasta el Río de la Dehesa”, uno de los parajes de la localidad.

Reconoce que no sabe a qué se debe la fama del Cross de Abejar, quizá a la veteranía, y también recuerda que se mantiene la esencia de los primeros años, “la hora es siempre la misma, la gente que compite más o menos también, y el recorrido, salvo alguna calle, es igual”.

El atípico horario, para lo que suele ser una carrera popular, el segundo domingo de agosto sobre las 12.00 horas, también se mantiene fiel. El calor, que tanto asusta a muchos corredores, es el “plato favorito” de Teodoro Oliva: “me gusta correr con calor y cuando salgo a entrenar también, al frío le temo”.

Conserva cada trofeo, camiseta, foto (enmarcada en cuadros de madera de pino hechos por él mismo) y todo lo que le recuerde a esta carrera que le ha visto cruzar la meta en 37 de las 39 ocasiones anteriores. Mañana conservará otra imagen, la del corredor abejaruco más veterano cortando la cinta de salida de la carrera popular más veterana de la provincia de Soria. A por la 41ª.

Por: Teresa Arroyo


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HISTORIAS DEPORTIVAS Aarón Las Heras Rupérez (22-6-2000) se proclamó hace dos fines de semana campeón de Europa Sub 20 en la distancia de 5.000 metros, igualando de este modo los títulos conseguidos por Fernando Cerrada en 1973 y por Gabriel Navarro en 2011. Nacido en la ciudad de Barcelona, Las Heras bombea sangre soriana por parte de madre (Abejar) y padre (Soria capital, Magaña).

Sus inicios deportivos ya fueron en el atletismo, muy joven, cuando con siete años quedó tercero en una carrera popular celebrada en su colegio, la Escola Pàlcam. El resultado puede no parecer espectacular, «pero fue una sorpresa porque yo entonces era regordete».

Ello animó a su madre a apuntarle el año siguiente a atletismo de una manera más formal, y así se enroló en las filas de uno de los clubes con más solera, la AA Catalunya. En él permaneció hasta hace dos temporadas, cuando fue fichado por el Playas de Castellón, con el que corrió su último año Sub 18 (juvenil) y los dos Sub 20 (junior), categoría que termina este año.

En sus primeros años como atleta, competía en dos especialidades que a priori no casan mucho: el mediofondo-fondo y la jabalina. Cuando llegó una edad en la que los entrenamientos de una y otra dejaron de ser compatibles, Las Heras se decantó por aquella para la que tenía más cualidades, la larga distancia, a pesar de que la jabalina le gustaba mucho y tenía en ella resultados interesantes en categorías inferiores.

Centrado ya del todo en el tartán (el ‘track’), los resultados empezaron a aparecer. Debutó en un Campeonato de España en el 3.000 de su primer año cadete, en pista cubierta, cuando fue décimo en Antequera. La temporada siguiente, la 2014-15, la segunda suya cadete, le dejó claro que lo suyo era el atletismo: plata en el 3.000 en pista en Sabadell, oro en esa misma distancia al aire libre en Valladolid y triunfo en el Campeonato de España de Cross por Autonomías en Guadalajara. En 2015 ganó sus siete carreras al aire libre (4 en 3.000, 3 en 1.500 obstáculos).

En su primer año juvenil (Sub 18), a pesar de competir, contra los ‘mayores’, empezó a plantarles cara y a superarles en algunos casos: bronce en el Campeonato de España en pista en Salamanca y cuarto al aire libre en Mataró, siempre en 3.000.

 

En 2017, su segundo año juvenil, los triunfos no dejaron de llegar en cualquier terreno y condición: oros en el Campeonato de España en Pista (Sabadell), al Aire Libre (Getafe), Cross por Autonomías (Don Benito), Cross por Clubes (Oropesa del Mar) y hasta en el Campeonato de España de Fondo en Pista (Huelva) en su debut en un 5.000 con jueces. En pista, además, batió el récord de España de 3.000 con 8:21.67, récord que ya no está en su poder sino en el de otra de las joyas de futuro del atletismo español, Pol Oriach, desde enero de este año (8:19.33).

El año pasado se estrenó como junior (Sub 20), con dos cuartos puestos en los Campeonatos de España de Cross (por clubes en Gijón, individual y por autonomías en Mérida) y un triunfo en el Campeonato de España al aire libre en Murcia, ya en 5.000. Además, fue duodécimo en el Mundial de Tampere (cuarto europeo, avisando de lo que podía suceder este año). En la localidad belga de Oordegem, además, hizo su mejor marca en las doce vueltas y media con 14:14.99.

Universidad en Estados Unidos

El pasado verano, su vida personal dio un gran cambio cuando decidió marchar a los Estados Unidos para comenzar los estudios universitarios de Biología. Su idea es permanecer allí mientras estudie la carrera. Las Heras reside ahora en Carolina del Norte, donde se ubica su Universidad, Wake Forest. La elección no fue casual, ya que se quiso marchar a un estado en el que el clima fuera similar al que él acostumbra a vivir en Barcelona.

Allí ha comenzado a seguir los entrenamientos de John Hayes. Hasta ahora, en España, su técnico había sido Domingo López Ágreda.

Estos meses en América le impidieron participar en las competiciones invernales en España. Además, al principio de su estancia en Estados Unidos sufrió algunos problemas de lesiones de los que se recuperó ya en primavera. El 29 marzo logró bajar de 3:50 en 1.500 (3:49.97 en Raleigh, su mejor marca es de 3:46.07 en 2018), y el 19 de abril y el 11 de mayo clavó sendos 5.000 en Charlottesville: 14:19.87 y 14:20.05, a cinco segundos de su registro de Oordegem del año pasado.

Esos tiempos suponían rebajar holgadamente la mínima fijada para correr el Europeo de Boras (14:38). En la ciudad sueca se presentó en la final directa de 5.000 como el único español. El otro español que tenía mínima, Antonio López, optó por correr el 1.500, donde terminó séptimo.

Aarón Las Heras llegó a Boras muy motivado, algo que él también achaca a las concentraciones previas del equipo, «que yo creo que nos ayudan a todos». Además, esas dos marcas alrededor de 14:20 le dejaron muy buenas sensaciones: «Mi entrenador me decía que podía estar para 14:05».

Sus primeros días en tierras nórdicas fueron tensos, al estar sin competir y ver que todos sus compañeros de selección poco a poco lo estaban haciendo. Ese nerviosismo, que aumentó el día anterior a la carrera, desapareció en la mañana de la misma. La prueba se disputó a las 16.20 del domingo 21 de julio.

Esa mañana cambió el chip desde que se montó en el autobús para ir a la pista y, en el momento que escuchó el pistoletazo, «salí sin ningún miedo. Creo que eso me ayudó a que la carrera fuera una de las mejores que he hecho tanto técnica como tácticamente».

Para comprobarlo, es suficiente con ver la prueba de aquel día. Las Heras marcha al principio a mitad de grupo, siempre por dentro. Según se acerca el ecuador de la prueba, empieza a colocarse entre los seis o siete primeros y, a falta de un kilómetro, cuando los cambios de ritmo ya hacen más daño, se coloca segundo tras el estirón del irlandés Darragh McElhinney.

El catalán de raíces sorianas aguanta bien y se pone a su par cuando faltan algo más de 500 metros. Como suele suceder en estas carreras, el toque de campana es la señal definitiva: Aarón Las Heras lanza el ataque definitivo y empieza a coger metros de distancia. McElhinney no aguanta y es también adelantado por el turco Ayetullah Aslanhan.

Este, aunque lo intenta, se queda muy lejos de Las Heras en meta. El tiempo del español es sorprendente: su mejor marca personal con 14:02.76, que invita a pensar que no habría estado muy lejos de bajar de 14:00 si no se hubiera relajado en el tramo final, cuando se vio ganador sin dudas. Aslanhan hizo 14:05.01 y McElhinney, 14:06.05. John Hayes reconoció que «fue una gran carrera. Está preparando la temporada de cross en Estados Unidos (es antes que en España) y no habíamos realizado entrenamientos específicos».

Ver resultados de la prueba

Las Heras, de este modo, contribuyó a que el medallero de España en Boras finalizara con tres oros, una plata y cuatro bronces: octavos en esa clasificación del medallero, sextos en la clasificación por puntos, que tradicionalmente se le da mejor a España en todas las categorías y competiciones.

Ver medallistas españoles

Su nombre y el de otros muchos que están triunfando en estas categorías inferiores invitan a mirar con optimismo el futuro del atletismo español.

En estos días, Aarón Las Heras está barajando la posibilidad de venir a pasar unos días a Abejar, donde ha veraneado desde siempre pero donde lleva dos años sin venir. El 11 de agosto se corre el Cross de su pueblo, el más antiguo de cuantos se celebran en la provincia. Su estancia podría coincidir con la celebración de esta prueba. Sería una de sus últimas actividades veraniegas en España antes de regresar a Carolina del Norte para seguir formándose como biólogo y como atleta.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS En Boras (Suecia), a 60 kilómetros de Goteborg, y a las 10.05 del próximo viernes 19 de julio, un total de 26 deportistas de 16 países tomarán parte en la calificación de la pértiga femenina del Campeonato de Europa de Atletismo Sub 20. De ellas, tres son españolas, lo que constituye una buena noticia para el sector de saltos.

Entre las tres españolas se encuentra la soriana Patricia Millana Lafuente (20-5-2001), quien en su primer año en la categoría ha conseguido clasificarse para este Europeo. La marca mínima necesaria para estar en tierras nórdicas era de cuatro metros. En esta temporada al aire libre, la mejor marca de la atleta del CAEP ha sido 3,90, el pasado 27 de abril en Burgos, en su primera competición.

Afortunadamente, el 2 de marzo, en el Campeonato de España en pista cubierta de Madrid, logró la medalla de plata con un salto de 4,03, el mejor que ha hecho hasta la fecha.

En los días previos a que se conociera la lista para Boras, todo el mundo le decía que seguro que estaría entre las elegidas gracias a esa marca. Sin embargo, ella no quería hacerse ilusiones ya que su temporada al aire libre, a raíz de ese 3,90, no había sido tan buena como le habría gustado.

 

La joven deportista de Las Celtíberas lo achaca a cuestiones psicológicas, por los estudios de fin de curso, por la EBAU, que le impedían entrenar con la calidad que requiere la competición. Físicamente se encuentra bien, con la misma fuerza de los días en los que obtuvo sus mejores marcas. Por ello, una vez terminado el año académico y una vez conocida su inclusión en la lista para Suecia, su entrenador Eloi Guimera le dijo que tranquilidad, que no pasaba nada por empezar un poco más despacio (carrera más corta, pértiga más blanda), para que la competición del viernes que viene salga lo mejor posible.

Gracias a todo ello, reconoce sentirse mucho más motivada, y su objetivo para Boras es intentar mejorar ese 4,03 que tiene como MMP y, si fuera posible, meterse en la gran final del domingo 21 a las 16.18 entre las 12 mejores.

Sus comienzos

Los primeros pasos de Millana en el mundo del deporte fueron en el voleibol, desde tercero de Primaria en su colegio, el CP Numancia, sin jugar en competición federada. Allí estuvo hasta 2º de la ESO, cuando uno de los técnicos del Atletismo Numantino, Jorge Vela, la animó a probar en el atletismo.

Así lo hizo, y estuvo un año en las escuelas, probando varias disciplinas, «pero yo veía a los mayores saltando pértiga y les dije a los entrenadores que quería probar. Me dieron la oportunidad, y yo encantada». Su primer técnico en pértiga fue Javier García Chico, con el que empezó a meterse en el mundillo de esta espectacular y completísima modalidad.

Todavía era Sub 16 (cadete en la terminología que poco a poco dejará de usarse). En su segunda competición, sin esperarlo, hizo la mínima para el Campeonato de España en Oviedo (2,80). Así que, casi sin nada de experiencia competitiva, acudió a tierras asturianas para terminar en decimosexta posición (2,76). No ha vuelto a fallar a ningún Campeonato de España. Ese verano mejoró marca hasta 3,20, y fue decimocuarta en el Campeonato de España de Granollers (2,86).

En su primer año Sub 18, en la temporada 2016-17, hizo 3,61 en pista y 3,45 al aire libre. También mejoró su clasificación en los Campeonatos de España, demostrando que poco a poco se iba acercando a la élite de su categoría según acumulaba entrenamientos y competiciones: quinta en pista en Sabadell, octava al aire libre en Getafe.

El siguiente ejercicio, el 2017-18, en su despedida como Sub 18, igualó marca en pista (3,61) y la subió diez centímetros al aire libre (3,71). Y empezó a merodear los podios con mayor insistencia: quinta en pista en Antequera y cuarta sin techo en Gijón. Ya el verano pasado, los entrenamientos le decían que podía saltar más, alrededor de 3,90, pero en las competiciones las cosas no salían igual.

Todo cambió este año, en pista cubierta, con ese gran salto de 4,03 realizado además en el sitio y el momento oportunos: el Campeonato de España Sub 20 que se celebró en Madrid. Esos 403 centímetros tuvieron un triple premio: le dieron su primera medalla en un Nacional (plata), la colocaron en la novena posición del ranking español Sub 20 de todos los tiempos (sexta en pista cubierta) y la incluyeron en la lista para Boras que se dio a conocer el martes 9 de julio, hace tres días.

El fin de semana pasado, en el Campeonato de España al aire libre, fue cuarta en Granollers con 3,70. Esa pequeña desilusión de verse tan cerca de las medallas se compensó con la noticia inmediatamente posterior, cuando vio su nombre entre los 54 atletas que viajarán a Boras.

Dos vuelos de Lufthansa la llevarán de Madrid a Frankfurt (6.10) y de Frankfurt a Goteborg (12.10) el próximo martes 16 de julio. Tres días después, el atletismo soriano sumará un internacional más a partir de las 10.05.


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Irene Fernández García. Fotografía: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Los prejuicios que ha tenido el golf durante años se están derrumbando en Soria a pasos agigantados gracias a jugadores jóvenes que, en su día, también tuvieron algunos recelos al acercarse al ‘green’, como fue el caso de Irene Fernández García (Soria, 11-01-1992). Curiosidades del deporte, donde Irene veía un deporte «de gente mayor», se acabó encontrando a un grupo de jóvenes jugadores con los que pronto fraguaría una bonita amistad.

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Siendo más joven jugó al voleibol, pero no llegó a despertar su pasión deportiva. Habría que esperar a los quince años para descubrir un deporte que iba a marcar su carácter y personalidad para siempre. Y eso que de primeras puso resistencia, ya que su padre, que era jugador, le invitaba a acompañarle al campo de golf de Pedrajas sin éxito. Le daba «pereza» jugar a un deporte «de gente más mayor», pero un verano le dio una oportunidad al golf, y en el campo de Soria conoció a un grupo de jugadores jóvenes con los que rápidamente hizo «piña».

No tardó en engancharse, sobre todo cuando empezó a mejorar, a descubrir los entrenamientos, a ver los resultados… Su padre ya no tendría que insistir más, ahora iría por su propia afición. Al poco tiempo empezó a jugar torneos, a competir, y probablemente fue el espaldarazo definitivo para que el golf no le haya dejado de acompañar desde entonces. Y es que Fernández descubrió el hándicap y la posibilidad de medirse a sí misma, despertando por completo su interés.

Competía contra sí misma y este afán de mejora y exigencia no tardaría en dar sus frutos, ya que unos meses después le ofrecieron ocupar un puesto en el equipo de competición femenino de Castilla y León juvenil. Este paso le permitió comenzar a competir lejos de Soria y abrirle un mundo nuevo, aprendiendo a descubrir la competición, viajando y conociendo a más jugadoras femeninas, ya que en Pedrajas escaseaban.

Durante años compaginaría estudios y afición deportiva, incluso jugaría el torneo universitario en León, uno de sus campos preferidos, pero el marcharse de Erasmus, donde tendría más difícil seguir jugando o conocer a nuevos jugadores en Sicilia (Italia), propiciaría que comenzara a «desengancharse».

Hoy día afirma jugar «a nivel jubilada» con su padre y sus amigos cuando viene a Soria, ya que sus amigos o compañeros de trabajo de Madrid no juegan al golf. Y es que la semilla germinada está en su interior, ya que si pudiera, reconoce que le gustaría competir. El golf ha labrado su personalidad en buena medida y así lo asume, aportándole confianza en sí misma, tanto, que su último coqueteo deportivo le ha llevado al boxeo, disciplina que realiza en la capital. Aunque a priori son dos deportes totalmente diferentes, seguirá poniendo en práctica sobre el ring el control de movimientos que aprendió en su día en el ‘green’. 

 

 


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS José Antonio Culebras Arenas nació un 16 de enero de 1979 en Puertollano, la localidad más grande de Ciudad Real sin contar a la capital de la provincia. Mañana miércoles, por lo tanto, cumplirá 40 años, cuatro décadas de vida que podrían resumirse en una palabra, fútbol, en cuya órbita han girado el resto de las situaciones de su vida.

Desde pequeño fue así: «Me considero un viejo rockero del fútbol de la calle, cuando la técnica y la táctica no eran importantes y teníamos que compartir espacio con los coches, vecinas enfurecidas, los límites del ‘campo’… Y al día siguiente, volvíamos a jugar. Esa metáfora de que el juego nunca se detiene la he aplicado el resto de mi vida». Y, como se verá en las próximas líneas, le vino muy bien en una serie de épocas de su carrera futbolística, incluso desde niño.

Ya entonces, cuando jugaban en la calle Sagunto de Puertollano y en el recreo del colegio, planificaba las tardes anteriores, mientras hacía los deberes, cómo serían esos partidillos del día siguiente. Culebras solía ser siempre el responsable de llevar el balón, símbolo de una pasión por el fútbol que no encontraba precedentes en su familia y que todavía no le ha abandonado.

Mejorando gracias al baloncesto

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol los dio… en el baloncesto. En categoría alevín, en el colegio donde estudiaba, Salesianos, los responsables del equipo de fútbol estimaron que había jugadores mejores que él. Aunque no apartó la mirada del fútbol, y a pesar de que todavía era de los jugadores más bajos porque su crecimiento fue tardío, aprovechó ese año jugando al baloncesto para mejorar aspectos como la coordinación y el salto: «Siempre he dicho que, aunque a veces el camino no se nos ponga de cara, no hay que olvidar la meta. Hay otras alternativas para llegar a ella».

 

Tras esa experiencia en el baloncesto, Culebras decidió apuntarse a la Escuela Municipal de Fútbol de Puertollano. Él se recuerda en aquellos años yendo solo a entrenar, a pesar de su corta edad todavía, y «esas situaciones te ayudan a ser fuerte». En la Escuela Municipal quemó las etapas infantil, cadete y el comienzo de la juvenil.

En esta última categoría, en su primer año, todavía no había terminado de madurar físicamente, por lo que apenas jugaba. La desgracia de un compañero, que tuvo un accidente de moto como consecuencia del cual no pudo seguir jugando, le abrió las puertas de la titularidad. Por ese motivo, uno de los técnicos de la Federación de Castilla La Mancha le vio jugar y pensó que tenía cualidades para formar parte de la selección autonómica. Entonces, igual que todo el resto de su carrera futbolística, ya jugaba como central.

Le llama el Toledo

Culebras había conseguido dar un paso más, un paso importante pues estas selecciones siempre son un escaparate en el que se fijan los directores deportivos de todos los equipos. «La mañana de un sábado, cuando era juvenil de tercer año, me llamaron del Toledo, que entonces estaba en Segunda división. En ese momento es cuando tienes que elegir entre abandonar tu casa, tu familia, tus amigos… o quedarte tranquilamente como estabas. Mi familia y yo decidimos hacer el sacrificio de separar nuestros caminos… y aún no he vuelto a casa. Cuando tomamos esa decisión, yo por lo menos ya podía tener la conciencia tranquila de que al menos lo había intentado, y además sin abandonar la parte académica».

Desde que llegó al Toledo, tanto en el equipo juvenil como en el equipo de Tercera, siempre alternó los entrenamientos con el primer equipo. Todavía recuerda que el entrenador de entonces, Gregorio Manzano, y un jugador de tanta clase como Casquero, «se reían, y se siguen riendo, porque yo entonces celebraba los goles hasta en los entrenamientos».

En el año de Tercera división, a mitad de temporada, el Toledo le informa de que le hace contrato profesional para la siguiente campaña. Fue el único jugador de aquella plantilla al que le hicieron ese contrato… «me sentí un privilegiado».

Y así, con 20 años, Culebras da el penúltimo paso de sus aspiraciones deportivas: convertirse en futbolista profesional. Aquella temporada en el Toledo, la 1999-00, jugó 26 partidos, 24 de ellos como titular. Fue una cifra muy buena, teniendo en cuenta su edad y sus compañeros en el centro de la zaga: Luis Manuel, que llegó a ser internacional absoluto cuando jugaba en el Oviedo, y Pedro Alberto, fallecido tristemente en 2002 durante un entrenamiento con el Novelda. Otros compañeros de aquel año eran Unai Emery, con quien compartía en ocasiones habitación y cuya carrera como técnico tiene pocas iguales en España, así como los exnumantinos Nando Co y Rafa Márquez.

Sus buenas prestaciones en su debut como profesional no pasaron inadvertidas en el fútbol español y, como él soñaba desde que fichó por el Toledo, el equipo que se fijó entonces en él militaba en la máxima categoría, la Primera división, la Liga de las Estrellas que se decía por entonces.

Su primera aventura en el Numancia

Inició la temporada 2000-01 en el Toledo, con el que había descendido a Segunda B. Tras jugar los dos primeros partidos de la campaña en esa categoría de bronce, logró marchar como cedido al Numancia. El sueño de aquel niño de Puertollano apasionado por el fútbol se hacía realidad: fichar por un Primera.

Muy pronto, fue precisamente esa realidad la que se le mostró tal cual: salvo un par de incursiones en Copa contra Barakaldo y Leganés, Paco Herrera y Mariano García Remón no contaban nada con él en la Liga, ni siquiera para entrar en las convocatorias. Estaban por delante Jaume, Miguel Ángel Soria, Antía y Gustavo.

En la jornada 33, tras caer en Zaragoza, García Remón fue destituido. Le sustituyó su segundo, Celestino Vallejo. De pronto, todo cambió para Culebras. El entrenador soriano, el de Valdemaluque, decidió que aquel joven manchego pasara de no ir convocado a ser titular, formando pareja con Mikel Antía: se ganó en Soria al Osasuna, se empató en Vigo con el Celta después de empezar ganando, y se ganó de nuevo en Los Pajaritos al Espanyol. Siete puntos de nueve posibles permitían soñar con la salvación que hasta hace poco parecía tan lejana, pero la derrota en la jornada 41 ante el Rayo (2-1, también después de empezar ganando) mandaron al Numancia a Segunda a pesar del triunfo en la última jornada ante el Alavés.

El entrenamiento es sagrado

El jugador manchego tiene claro que si fue titular en esos cinco partidos fue gracias «a que nunca tiré la toalla en los entrenamientos. No se puede bajar nunca los brazos. Somos humanos y es normal entrenar peor una semana, pero si lo haces durante tres meses, corres el riesgo de tirar tu carrera. El entrenamiento es sagrado».

Culebras jugó aquellos cinco partidos de titular. Además, la buena racha final, con 10 puntos de 15, hizo que Celes fuera el elegido para iniciar la nueva aventura numantina en Segunda, en la 2001-2002. El soriano, de quien tan buen recuerdo guarda el jugador, fue despedido en noviembre tras el 1-5 ante el Burgos. Le sustituyó Sarabia, que logró salvar al equipo. La pareja Culebras-Cuéllar fue la más reconocible en la defensa aquel año, pidiendo paso ante los más veteranos Jaime Molina y Muñiz. Culebras jugó 29 partidos, 28 de titular.

La siguiente temporada, la 2002-2003, fue la de Sarabia y Máximo Hernández en el banquillo. Sarabia apostó siempre por Cuéllar (ya se había destapado como jugadorazo) y Jaime Molina, con lo que Culebras se pasó casi en blanco los dos primeros tercios de la temporada. Una vez más, fue el cambio de entrenador el que le permitió jugar de nuevo, tras la llegada de Máximo. Jugó 18 partidos, 13 de titular.

Ese verano se fraguó su gran temporada como numantino, la 2003-04, uno de los mejores episodios de la historia del equipo en general y de la suya en particular. Marchado Cuéllar a Primera, a Osasuna, y llegado al banquillo el valenciano Quique Hernández, Culebras se convirtió en un fijo: disputó todos los partidos menos uno, en el que cumplió sanción. De esos 41 encuentros, fue titular en 39, el que más de los jugadores de campo. Los otros dos centrales, Antonio y Jaime Molina, también superaron los 30 encuentros, en una línea de tres que fue una de las señas de identidad de aquel segundo ascenso del Numancia a Primera. Además, entre los tres aportaron nueve goles: cuatro Antonio, tres Culebras y dos Molina.

A Primera, al Levante

En la 2004-05, Culebras se preparaba para jugar de nuevo en Primera división, como aquellos cinco duelos postreros de hacía cuatro años. Le llegó entonces una oferta de esa misma categoría, del también recién ascendido Levante, que mejoraba sustancialmente sus condiciones. El manchego hacía mudanza para marcharse a Valencia, donde uno de sus mejores anfitriones fue su paisano Santiago Cañizares, el cancerbero titular del otro equipo de aquella ciudad, el Valencia CF.

En el Levante pasó dos años. El primero, el citado 2004-05, en Primera, jugó 25 partidos, todos de titular menos uno. El equipo empezó fortísimo, incluso en puestos de Liga de Campeones, pero una mala segunda vuelta provocó un nuevo descenso a Segunda. Aquella temporada, Culebras conoció una figura todavía no muy extendida en el mundo del fútbol, la del psicólogo deportivo: «Era José Carrascosa. Recuerdo que empecé a ir solo yo y terminamos la temporada yendo 16. Hizo un trabajo muy efectivo y, después de todos estos años, sigo teniendo muy buena relación y amistad con él».

Cuatro años en Tenerife

Tocaba volver a Segunda en la 2005-06, de nuevo con el Levante. Fue otro buen año para Culebras: se consiguió otra vez el ascenso a Primera y, además, jugó 29 partidos, 28 como titular. Esa cifra le permitía renovar automáticamente, por haber superado los 25 encuentros. Sin embargo, prefirió marcharse al Tenerife gracias al interés mostrado por el interés deportivo, el exnumantino Alfonso Serrano.

En la isla permaneció nada menos que cuatro años, dejando un gran recuerdo y viviendo de nuevo situaciones curiosas.

Los dos primeros años, el 2006-07 y el 2007-08, jugó muchísimo, sobre todo el primero: 39 y 33 partidos. El tercero (2008-09), sin embargo, Oltra dejó de contar con él, a pesar de que sí lo había hecho tanto en la temporada anterior como en el año de Segunda en el Levante. Culebras, una vez más dentro de su ya larga carrera, estuvo lejos de rendirse. Gracias a ello, y aunque en total solo jugó ocho partidos, la mayoría de ellos fueron en el tramo final de la temporada, donde se logró un nuevo ascenso a Primera, el tercero para él tras los de Soria y Valencia.

El ejercicio 2009-2010 fue también el tercero, y último, de Culebras en la Primera división, siempre en equipos diferentes. Disputó 18 encuentros y el Tenerife descendió a Segunda, algo que él ya había vivido con sus dos escuadras anteriores en la máxima categoría, Numancia y Levante.

Segunda etapa en el Numancia

Finalizada esa etapa en el Tenerife, a José Antonio Culebras le surgió la oportunidad de regresar de nuevo a Soria, al Club Deportivo Numancia, que militaba de nuevo en Segunda división. Con 31 años, firmó para tres temporadas. La primera de esas tres, la 2010-2011, fue la que estuvo Unzué en el banquillo: «Venía del Barcelona y trató de trasladar aquel estilo de juego. Yo no supe interpretar esa metodología y me costó la titularidad, pero guardo muy buen recuerdo de él porque siempre me trató con respeto». Aquel año jugó 14 partidos.

El siguiente ejercicio fue el primero de los dos de Pablo Machín en el banquillo numantino, «y ya mi participación empieza a ser escasa». De hecho, en ese año 2011-2012 solo juega nueve partidos ligueros, concentrados casi todos en un tramo muy importante de la temporada, a partir de la jornada 25. Jugó completos esos nueve partidos.

En ese momento, con una temporada más de contrato y con 33 años, Culebras se encuentra en una encrucijada: sabe que apenas va a tener minutos en el Numancia, quiere seguir siendo jugador profesional y, además, espera dos hijas: «Fue una decisión dura porque tenía ofertas del extranjero y alguna buena de Segunda B, por ejemplo del Eibar, pero yo no iba a abandonar Soria y, aunque fue doloroso, sacrifiqué mi pasión por mis hijas».

Sociedad Deportiva Almazán

El central manchego rescinde su contrato con el Numancia, «pero yo no quería dejar de entrenar, quería mantenerme en forma». En ese momento llama al entrenador del Almazán, Luis de Miguel, «para ver si no les importaba que fuera a entrenar con ellos».

Luis de Miguel no tiene ningún problema y Culebras, cuyos orígenes son del fútbol más humilde pero que viene de una larga carrera de 12 años como profesional, se encuentra de nuevo con que ya no hay un utillero que le lave la ropa: «Yo sabía de sobra cuál era mi rol, jugar en Tercera división, y me adapté perfectamente». Así un año, y otro, y otro… hasta las seis temporadas que lleva ya Culebras recorriendo los campos de Castilla y León con el Almazán, viviendo una etapa que muy pocos futbolistas profesionales han sido capaces de protagonizar después de haber abandonado la élite.

Culebras entrena un par de días a la semana, entre otras cosas porque los plazos de recuperación no son los mismos con 40 años que con 25, pero sigue disputando una treintena de partidos por temporada y anotando goles, como los cuatro que hizo el año pasado como resultado de sus incorporaciones al ataque.

En estos seis años como jugador del Almazán, el deportista ha complementado su vida en los campos de fútbol con otras facetas profesionales, alguna de muy intensa actualidad. Tan intensa, como que está sucediendo en este mismo momento…

Sagrado Corazón y Calasanz

Por no alterar el orden cronológico del relato: En 2015, algún tiempo después de dejar el Numancia, Culebras entra a trabajar como profesor en el Sagrado Corazón. Allí está dos años disfrutando de la docencia y encontrando el que puede ser desde entonces otro de sus caminos de futuro: el trabajo con los niños.

Ello, unido a su antigua y conocida pasión por el fútbol, le llevó a su siguiente actividad, a ser el responsable del Área Social del Calasanz, a raíz de la llamada de Ángel Calvo Córdova con el deseo de ampliar la estructura del club colegial.

En el Calasanz, Culebras se dedica a atender a los numerosos futbolistas y a sus familias en cualquier tema que les afecte y que no esté relacionado directamente con la actividad deportiva. De manera paralela, sigue entrenando a un equipo de alevines.

AFE y tutor académico en la RFEF

En sus dos temporadas con el Levante, la 2004-05 y la 2005-06, Culebras coincide en la plantilla con Luis Rubiales. Esa circunstancia tan aparentemente normal (cualquier jugador coincide con decenas de jugadores en su carrera) ha marcado con fuerza su actual relación con el mundo del fútbol.

Rubiales fue presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles entre los años 2010 y 2017. En ese periodo hubo un proceso electoral en el año 2013 y, durante unos meses, Culebras fue el presidente de la Junta Gestora de este organismo. Con ese cargo, y como representante de la AFE, en enero de 2014 acudió a la gala del Balón de Oro de la FIFA celebrada en Zurich. Culebras, además, es desde hace un par de años Embajador de la AFE, desarrollando jornadas de formación para jóvenes con programas como el ‘Save the children’.

Hace tres días, el sábado 12 de enero, Culebras voló hacia Esmirna (Turquía) como integrante de la expedición de la selección española Sub 16 que está disputado la Copa del Egeo. El seleccionador es nada menos que Julen Guerrero, y el equipo ya empezó ganando ayer, 1-0 al equipo B de Turquía. Hoy juega contra Macedonia y el jueves, contra Rusia.

Culebras, estos días en Turquía

El exnumantino ha viajado como tutor académico, una nueva figura que ha implantado este año la Federación Española presidida por Rubiales. Ejerce de tutor en las categorías Sub 16 y Sub 17, aquellas cuyos integrantes acaban de abandonar la ESO. Su tarea es la de ayudar a los futbolistas a compaginar los entrenamientos con los estudios en estas concentraciones largas en las que se pierden varios días de clase, para después mandar informes a sus respectivos centros.

Han pasado alrededor de 30 años desde aquel Culebras niño de Puertollano que soñaba con ser futbolista. No solo lo consiguió, sino que lo mantiene y con ilusiones renovadas de futuro: «Me sigue dando muchas satisfacciones, todo lo que soy es gracias al balón». Felices 40.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS. Cuando Víctor Ortega La Orden (6/3/1990) comenzaba a acudir con siete años, junto a su hermana Rosa, a las escuelas deportivas los fines de semana «como pasatiempo» y también por facilitarle la organización a su madre, con otro hijo menor, Javi, jamás pensaría que iba a convertirse en su «forma de vida».

Esa actividad que comenzó como extra deportiva convive con él desde hace 20 años, en los que ha conseguido varias medallas y también contagiar su pasión y sus cualidades por el bádminton a sus alumnos, y todo este camino lo ha hecho siempre de la mano del Club Bádminton Soria-CS 24.

Ese amor a primera vista por el bádminton lo experimentan también muchos niños sorianos ya que, como comenta Víctor, la mayoría de los que prueban este deporte, cada vez más en auge en parte por la empuje de la campeona del mundo Carolina Marín, siguen practicándolo.

 

Víctor ha estado en contacto con el deporte desde muy pequeño cuando no solo practicaba bádminton sino también voleibol e incluso danza, pero como a todos, el paso de los años y la responsabilidad con los estudios le puso en la tesitura de decantase por una disciplina y aquí no había dudas, «te quedas con el que deporte más te llena», y sin duda ese era el bádminton.

Seguramente Víctor haya agradecido a lo largo de sus 20 años compitiendo que su madre le apuntara a aquella escuela deportiva para tenerle ‘entretenido’ los fines de semana, porque así descubrió su devoción por este deporte, igual que ahora le agradece, igual que a su padre, todo el apoyo que le brindan en cada entrenamiento y competición tanto dentro como fuera de Soria.

El tiempo dedicado detrás de cada deporte es muchas veces una gran incógnita y motivo de sorpresa. Víctor Ortega pierde la cuenta al calcularlo, aunque destina seis de los siete días a la semana tanto a entrenar y a formar a los más pequeños del Club Bádminton Soria CS-24 como a competir.

En la actualidad, compagina sus entrenamientos con labores de técnico del club y del centro de tecnificación de Castilla y León, perteneciente a la Federación regional y con secciones en Soria, Palencia y Valladolid. Eso conlleva también competir todos los fines de semana, «los días que no lo hago yo acompaño a los chicos», y los que no, tiene concentraciones, cursos o juegos escolares así que es «raro» el fin de semana que se puede quedar en casa.

Entre cuatro o cinco entrenadores se encargan de entrenar a las categorías inferiores del Club Bádminton Soria, fundado en 1984 y decano en Castilla y León, del que forman parte en la actualidad 40 deportistas y del que en cada competición regresan con alguna medalla colgada. En la actualidad compiten a nivel provincial, en el circuito de Castilla y León y de comunidades limítrofes y también en campeonatos de España cuando así se requiere.

Hasta llegar a pasar seis de los siete días dedicados al bádminton, Víctor Ortega ha tenido que pasar por estas categorías inferiores donde ya competía a nivel regional y nacional y siempre con el CB Soria-CS24, tan solo dejó de entrenar con ellos los tres años que estudió en Valladolid, donde se preparaba en el Centro de Tecnificación, aunque seguía perteneciendo al club soriano.

Su primer trofeo llegó con 11 años «fruto de la picardía», fue en unos torneos del Ayuntamiento, era deporte en la calle, con viento, y en esas circunstancias el que mejor se compenetrara con la trayectoria del volante tenía las de ganar. Ese fue Víctor, que a raíz de ahí comenzó a destacar y a ganar medallas en Castilla y León a medida que avanzaba por las categorías inferiores.

Siendo sub-17 conquistó un subcampeonato de Castilla y León y a raíz de pasar a la modalidad absoluta se ha colgado más galardones regionales. La última vez que subió al podio, hace dos temporadas, lo hizo por partida doble como campeón absoluto en categoría individual y en dobles mixto con su compañera Ana Sanz.

A nivel nacional, a través de convocatorias de la federación representando a Castilla y León, recuerda una cuarta posición absoluta y una novena plaza en categoría sub-17.

Víctor Ortega ve día a día el interés de los niños sorianos por el bádminton ya que «por suerte» hay una «buena oferta educativa» por parte de los clubes y de las escuelas municipales del Ayuntamiento, también en las aulas, de hecho mientras repasábamos su trayectoria un grupo de escolares entrenaba en el Fuente del Rey, muchos de ellos, también bajo sus órdenes en el club soriano.

Se muestra optimista, considera que hay cantera, que no es un deporte con gran ‘abandono’, salvo por temas de estudio al llegar a edad universitaria, y que además «engancha» desde el primer día así que quién sabe si los niños que hoy entrenan con el colegio o por determinación de sus padres, algún día consigan que el bádminton sea, como para Víctor, su modo de vida.

Por Teresa Arroyo


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Rubén Andrés (Soria, 24-3-1979) se prepara para correr este domingo la prueba de duatlón de larga distancia más importante del mundo: el Powerman de Zofingen (Suiza), la carrera que todo duatleta quiere hacer al menos una vez en la vida, lo mismo que todo triatleta sueña con competir en el mítico Ironman de Hawaii. La distancia que deberán afrontar todos los competidores es de diez kilómetros a pie, 150 en bicicleta y otros 30 a pie para finalizar. Los mejores tardarán más de seis horas.

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El párrafo anterior, letra por letra, habría sido igualmente válido en 2004, en la semana previa al domingo 12 de septiembre. Ahora, 14 años después, el mejor duatleta que ha dado Soria se prepara para competir por segunda vez en la meca mundial de esta especialidad deportiva, que coincide desde hace tiempo con el Campeonato del Mundo de Larga Distancia.

 

El Duatlón de Zofingen, ciudad situada a unos 50 kilómetros de Zurich, Lucerna y Basilea, se celebra desde el año 1989, así que este domingo 2 de septiembre celebra su edición número 30. El deportista del Joven In Deporama Triatlón Soriano, por tanto, lo habrá corrido de momento dos veces: la edición número 16 en 2014 y la número 30 casi tres lustros después. Le espera el dorsal 22.

Si alguien le hubiera dicho a Rubén Andrés hace unos años que ahora mismo iba a estar montado en una autocaravana cubriendo los 1.400 kilómetros entre Soria y Zofingen para ir a competir como deportista de élite, Andrés le habría agradecido la confianza pero le habría dicho que estaba totalmente equivocado.

Y sucede que no, que es cierto.

Para transportar las bicicletas y para disfrutar también de otro modo del viaje, el duatleta ha decidido acudir a Suiza por tierra. Partió antes de ayer martes desde su domicilio y llegará a lo largo de la tarde de hoy jueves. Tiene por tanto, dos días completos para conocer el recorrido, descansar, disfrutar y realizar algún entrenamiento antes de la salida de la prueba, momento que se producirá este domingo a las 9.00 en la categoría Élite.

La carrera deportiva de Rubén Andrés se divide en dos claros periodos. Uno de ellos terminó a finales de la década pasada y el otro comenzó hace tres años. Entre ambos periodos, el soriano estuvo siete años apartado no solo de la alta competición, sino prácticamente de cualquier actividad deportiva. Cuando decidió retomarlo, despacio pero sin dejarlo, empezó a recuperar sensaciones, a acercarse a los mejores, a ganar carreras… Todo ello, tanto en atletismo y ciclismo como en duatlón, sin olvidar alguna incursión también victoriosa en carreras de montaña.

Antes de abandonar por primera vez el deporte, obtuvo gran cantidad de triunfos y buenos resultados en el duatlón, con campeonatos y subcampeonatos de España en categorías inferiores, una decena de títulos a nivel autonómico, el bronce absoluto en el Nacional por equipos, numerosos puestos cabeceros en Campeonatos de España y medio centenar de triunfos en diferentes pruebas por todo el país.

Todo ello le valió para representar a España en diferentes competiciones de alto nivel, especialmente en larga distancia, modalidad a la que se fue enganchando. En el ya citado Powerman de Zofingen terminó en la séptima posición élite, con las mismas distancias de ahora. Ello, entre otros méritos, le hizo ser elegido Mejor Deportista Soriano de 2004. Un año después, en 2005, fue undécimo élite en el Campeonato de Europa celebrado en Venray (Holanda), sobre un recorrido de 15 kilómetros a pie, 60 en bicicleta y 7,5 a pie.

Entrando en meta en Zofingen en 2004

A partir de ahí, poco a poco, cuestiones laborales y diferentes motivaciones le fueron apartando de la práctica activa del deporte. A la vez, y de manera inevitable, iban llegando los años… Lo lógico era pensar lo que él mismo reconocía en una entrevista de 2009, que era casi imposible volver a competir a alto nivel en duatlón. Y eso que entonces tenía todavía 30 años.

Las cosas han cambiado. La memoria del cuerpo y la constancia en los entrenamientos derivaron en lo ya comentado, en que de nuevo volvía a sentirse deportista de categoría. Con apenas unas semanas de entrenamiento ya firmaba marcas en medias maratones inalcanzables para la mayoría de los populares. Se fue poniendo horarios para hacer largas escapadas con la bicicleta, compatibilizándolo con las sesiones de trabajo de carrera continua y series.

Ya mucho más cerca de los 40 que de los 30, Rubén Andrés les dio una gran alegría a los aficionados sorianos al deporte, a sus familiares y amigos y, sobre todo, a él mismo, cuando demostró que es posible alcanzar retos que parecían inalcanzables.

En estos tres años, de nuevo, ha cosechado importantes logros como duatleta, especialmente en larga distancia. En 2017 ya terminó 12º en el Campeonato de España de Media Distancia de Orihuela y se hizo con el bronce en la Copa de España. También consiguió algún triunfo importante en pruebas sueltas, como el Duatlón de Logroño.

Pero los mejores resultados han llegado en 2018, año en el cual ha logrado nueve victorias en diferentes pruebas tanto de atletismo como de duatlón. Además de proclamarse campeón autonómico, cambió el duodécimo puesto del año pasado en Orihuela por el séptimo. Fue segundo en la prueba de Garray de la Copa de España y de nuevo logró el bronce en esta Copa, aunque estuvo muy cerca de hacerse con el oro, por apenas un puesto en Orihuela. En el Campeonato de España de Duatlón Cros de Almazán, terminó en quinta posición.

Todo ello, su buen estado de forma continuado y demostrado, le ha valido la confianza de la Federación Española de Triatlón, quien le ha facilitado la equipación y la inscripción para el Campeonato del Mundo de Zofingen. Allí se las verá con rusos, suizos, daneses, franceses, estadounidenses, alemanes, británicos, australianos, austriacos, belgas… La carretera pondrá a cada uno en su lugar, pero Rubén Andrés tratará de no estar muy lejos del top ten.

Mucha gente estará pendiente en Soria y en España de sus evoluciones. Pero para que el disfrute de esta nueva experiencia sea todavía mayor, Rubén Andrés no estará solo en Suiza, pues le irán acompañando por el recorrido su madre y dos amigos, Sergio Blasco y Gorka Gamito. Alegrías del deporte.


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HISTORIAS DEPORTIVAS Se celebra estos días en Berlín el Campeonato de Europa de Atletismo al Aire Libre, la gran cita del año para los principales atletas españoles. Allí compiten dos sorianos: Daniel Mateo en el 10.000 (fue duodécimo) y Marta Pérez en el 1.500 (clasificada para la final de este domingo 12 de agosto a las 20.00). A ambos han acudido a verles familiares y amigos desde su tierra.

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La capital de Alemania, por tanto, tiene más sorianos estos días que de normal, lo que no significa que el resto del año no haya. Hace cinco años, gracias a las becas Leonardo del Ayuntamiento de Soria para licenciados universitarios, cuatro jóvenes se fueron a pasar allí tres meses. Los cuatro continúan en Berlín.

Una de ellas, Beatriz Marín Ruiz (19-8-1986) fue en su momento una de las grandes dominadoras del mediofondo español en categorías inferiores, con multitud de medallas en pista, al aire libre y en cross, tanto a nivel individual como colectivo, hasta que decidió dejar el atletismo de competición antes de cumplir los 20 años.

Y eso que el comienzo de su relación con el deporte rey no hacía presagiar esos éxitos posteriores. Procedente de la gimnasia rítmica y del balonmano, se apuntó para correr el cross de Valonsadero siendo todavía benjamín. Fruto de la inexperiencia y de la corta edad, salió muy fuerte y, llegada cerca de la recta final, en una cuesta, decidió pararse y terminar andando junto a Beatriz Molina (con la que luego compartió muchas horas de entrenamiento y competiciones) y otra chica. Acabaron las tres últimas.

La experiencia no terminaría de disgustarle porque corrió pronto un nuevo cross, el de la Dehesa. Ahí ya sí, terminó tercera pero empezando desde el principio. El entrenador del Politécnico Adolfo Caballero, después de verla en aquella carrera, habló con sus padres para integrarla en su grupo de entrenamiento. Empezó así una relación de ocho o nueve años de vinculación estrechísima con el mediofondo gracias a su correr fluido y ágil.

Cuando empezó a competir a nivel nacional como cadete (lo que ahora se llama Sub 16), Marín no tuvo problemas para elegir distancia, porque su favorita siempre fue el 1.000. En aquella época todavía no existía Campeonato de España al Aire Libre (empezaron en 2002, cuando ella ya era juvenil), pero en Pista Cubierta sí consiguió el oro el primer fin de semana de marzo de 2001 en San Sebastián.

En aquella época, lo habitual era que las cadetes que corrían el 600 se pasaran a 800 como juveniles, y que las que competían en el 1.000 se pasaran al 1.500. Beatriz Marín fue una de las excepciones. De mutuo acuerdo con su entrenador, decidieron que correría el 800, una distancia más cercana a la suya favorita. Volvió a ser una de las habituales en las finales de los grandes campeonatos, destacando su medalla de oro en el Nacional al aire libre de 2002 en Miranda de Ebro, en su primer año en la categoría.

Junto a estos logros individuales, se suman las medallas que consiguió con Castilla y León en campo a través y una muy especial para Soria: la medalla de bronce que consiguió el IES Antonio Machado (formado sobre todo por atletas de su club, el Politécnico) en el Campeonato de España de Centros Escolares celebrado en Almería. Allí, y después de haber ganado el Autonómico, cada deportista tenía que hacer su prueba… y la que le tocara para completar todo el programa atlético pistero de carreras y concursos. Recuerda Marín que a ella le tocó lanzar disco.

Finalizada su etapa de Bachillerato, se marchó a estudiar Derecho y ADE a Burgos. Aquel año siguió compitiendo. Sin embargo, hubo tres razones que poco a poco la fueron alejando del atletismo. Por un lado, problemas en una rodilla. Por otro, la dificultad para compatibilizar estudios, entrenamientos, exámenes y competiciones. Y por último, el abandono de su grupo habitual de entrenamiento, las que habían sido sus compañeras toda su vida.

Beatriz Marín estuvo sin correr nada dos o tres años. Entretanto, se marchó a estudiar a Madrid, hasta que surgió la ya citada beca Leonardo del Ayuntamiento de Soria y probó fortuna en Berlín, tres meses que de momento ya se han convertido en cinco años.

En la capital alemana ya había recuperado su afición por la carrera continua, ya muy lejos de las sesiones dobles y de las series al máximo: lo que todo el mundo entiende por atletismo popular.

Un día, uno de sus compañeros de trabajo le propuso apuntarse a una carrera. Y no una carrera cualquiera: un maratón. De repente, Marín aceptó. Era 2015. Después de ‘rechazar’ un plan de entrenamiento que le pareció demasiado duro, encontró uno de tres meses, entrenando cuatro días a la semana. El maratón elegido era el de Breslavia (Wroclaw), en Polonia. Lo terminó en 4h58:59.

La experiencia volvió a gustarle y el año siguiente, 2016, se preparó el de ‘su’ ciudad, Berlín. Mejoró su marca hasta 4h38:01. Y el año pasado, en 2017, decidió correr el maratón de maratones, el sueño de todo popular: Nueva York. A pesar del frío y de la larga espera, volvió a rebajar algunos minutos su marca personal para dejarla en 4h12:49. En el presente 2018 no ha corrido el maratón completo pero sí su mitad, de nuevo en Berlín el pasado abril (2h05:16).

Estas incursiones en las largas distancias las compatibiliza con su presencia en las carreras de obstáculos que ahora tan de moda están, como las Spartan Race de Reebok o las XAthletics.

Toda esta afición al deporte la comparte con sus obligaciones profesionales. En la actualidad, Marín trabaja en el departamento de control financiero de la potente firma química BASF. Vive en Berlín, pero de vez en cuando debe desplazarse a la fábrica que tiene la empresa en la ciudad de Ludwigshafen, y en la que trabajan más de 36.000 personas.

Además, Beatriz Marín abrió en Soria, a principios de 2017 y junto a su amiga Marta García Galán, la firma Blumen (‘Flores’, en alemán). Es una empresa pensada para ayudar a la organización de bodas, pero también para la de cualquier tipo de eventos. Aunque Marín acude a Soria cuatro o cinco veces al año (Navidad, Semana Santa, San Juan, verano…), se ha desvinculado por las complejidades que supone compatibilizar esta actividad con su vida diaria en Alemania. Ahora la sigue llevando Marta y ella le echa una mano cuando puede.


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Paula Gallego Vicente. Fotografía: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Probablemente para competir en un combate cuerpo a cuerpo la intuición sea fundamental, clave para derrotar al contrario. A veces, su papel es tan determinante que puede ser el germen de todo, como le ocurrió a Paula Gallego Vicente ‘Burbulha’ (Soria, 03-02-1995), cuya intuición le advirtió de que la capoeira era su deporte, ahora es medalla de bronce continental.

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Paula tiene, cuando la sonrisa no está dibujada en su cara, una mirada intensa, de esas que pueden hacer temblar a una oponente portuguesa, danesa, israelita o brasileña, cuando se sitúan frente a frente antes de comenzar el ritual, casi ancestral, de la capoeira. Claro que antes de conocer este «estilo de vida», en su infancia, Paula no era precisamente una niña deportivamente activa, tal vez por eso trató de probar actividades como el baile, la natación o el patinaje artístico, sin que acabara por decantarse por ninguna de ellas. Con 12 años, decidió probar la capoeira, pero no le gustó, quizá las sensaciones de su profesor, o la dinámica de ese grupo no fue convincente. Así que decidió interesarse por el hockey patines, pero en este caso fue el bolsillo lo que no se adaptó a sus necesidades. Entonces, apareció la intuición.

Y es que esa intuición volvió a insistir, reincidiendo, y Paula escuchó esa llamada, dando una nueva oportunidad a la capoeira. «Tenía que volver a probarlo porque el deporte en sí me gustaba», recuerda, y así fue, con 19 años, la capoeira esta vez llegó para quedarse.

Más madura, encontró un nuevo entrenador, que le bautizó como ‘Burbulha’, así como un grupo de compañeros «encantadores» a los que se siente «muy unida». Después, este arte de origen brasileño hizo el resto, mostrando a esta joven soriana que con trabajo desaparecía la torpeza de forma rápida, tanto, que en apenas cuatro meses, en junio, ya logró su primera cuerda de color «blanco roto» (escala de nivel de este deporte), tras superar el examen. Desde entonces, de forma anual, no ha dejado de progresar y ganar cuerdas hasta la naranja.

A nivel competitivo también empezó a los cuatro meses, participando en la Copa de Castilla y León, donde ya fue primera, puesto que ha repetido siempre salvo un segundo puesto. Hace dos años acudió a un Europeo en Lisboa (Portugal) donde una lesión previa a la cita le impidió demostrar todo su potencial. Como esta prueba es bianual, en 2018 ha habido otro campeonato continental, celebrado en Polonia, donde Paula ha sido tercera, tan solo superada por una brasileña y una israelita. No obstante, dentro de dos años «voy a por la primera», señala, con el objetivo, entre ceja y ceja y quien sabe, si también aconsejada por su intuición. Los mundiales de Brasil, de momento, tendrán que esperar a que el presupuesto permita abrir nuevos horizontes. 


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Javier Bonilla Sevillano (Ágreda -Soria-, 25 de octubre de 1990) ha protagonizado una de las mejores noticias del fútbol soriano esta temporada, al conseguir el ascenso a Segunda división con el Real Club Deportivo Mallorca en su primer año en este club. El verano de 2017, tras su gran temporada en el lateral zurdo del Pontevedra, recibió una llamada desde Mallorca cuando el club bermellón descendió a Segunda B. Ni se lo pensó ni esperó. Al día siguiente, tras resolver un par de flecos, firmó un contrato para dos años. En los días posteriores recibió alguna llamada de la Segunda división, debido precisamente a sus buenas prestaciones en el Pontevedra, pero ni se arrepintió entonces… ni se arrepiente mucho menos ahora.

Rebobinamos.

Bonilla ha practicado un deporte en su vida: el fútbol. De niño, desde los ocho o nueve años, jugaba en el equipo de su pueblo, en la SD Ágreda. Como le gustaba y como tenía cualidades, subió un día a Soria para hacer las pruebas en el Numancia alevín. Le cogieron, y en el club rojillo estuvo los siguientes cuatro años, los dos alevines y los dos infantiles, en esta última categoría jugando ya por toda Castilla y León. En esas temporadas, su padre le llevaba a Soria tres o cuatro días a la semana para entrenar.

Primera salida del Numancia

El año siguiente, ya como cadete, las obligaciones laborales de la familia le impidieron seguir en el Numancia. Se buscó un equipo más cercano aunque ello supusiera cambiar de comunidad autónoma. Bonilla disputó los tres siguientes ejercicios en el Tarazona, los dos cadetes y el primero juvenil.

En aquella época, ocupaba una posición bastante diferente a la actual. Compaginaba el extremo izquierdo con la delantera. En su único año juvenil con el Tarazona, por ejemplo, metió 42 goles, aunque reconoce que el nivel de exigencia y seriedad de los rivales no tenía nada que ver con lo que se encontraría a partir de entonces: «Eran jugadores para los que el fútbol no era tan importante».

El año siguiente, en su segundo juvenil, regresa al Numancia, que estaba en la División de Honor. Ese año descienden y el siguiente continúa en el Numancia para despedirse en Nacional de su etapa juvenil. No logran el ascenso en un desafortunado último partido en Burgos.

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Su progresión continúa y el club soriano quiere que continúe en el filial, en Tercera división. Sigue siendo extremo. Ya desde muy pronto, empieza a alternar el filial con los entrenamientos en el primer equipo, siempre en la Segunda división, en la que debuta de la mano de Unzué el 7 de febrero de 2011 en campo del Celta de Vigo (4-0). La temporada siguiente, la 2011-2012, sigue a caballo entre el equipo de Segunda y el de Tercera en lo que a entrenamientos se refiere, pero solo juega dos partidos en la LFP, en las jornadas 39 y 40. En la 39, en el campo del Hércules, marca un buen gol con su zurda desde el vértice del área pequeña. Era su debut como titular.

Salto de calidad en Segunda

Todavía con ficha de canterano, su salto de calidad llega el año siguiente, en la 2012-13, con Machín en el banquillo. Juega 17 partidos ligueros, diez de ellos como titular, y vuelve a anotar un gol. Esas cifras le permite firmar su primer contrato como profesional, que le llevaría a comenzar dos nuevos cursos en el equipo de su tierra, cumpliendo el sueño que le acompañaba desde niño. En la 2013-14, sin ser titular, sí jugaba cada vez que faltaba Ripa, lo que le permitió sumar otros 14 partidos.

El año siguiente, el 2014-15, el segundo de Anquela, todo cambió. Al finalizar la temporada anterior, el club le comunica que cuenta con él. Al mes, le dicen que no, que es preferible que se busque equipo. Después se lesiona Luis Valcarce y le dicen que se quede… No son buenos meses para él, aunque como dato curioso el único partido que juega esa temporada, y el último suyo con el Numancia, es uno histórico: el 6-6 ante el Lugo en Los Pajaritos.

Poco después, toma una decisión en la que probablemente influyeron mucho esas malas sensaciones de los últimos meses: se marcha a jugar a la Segunda división de Grecia, al Aiginiakos, cerca de Salónica. Firmó dos años, pero en los seis meses que estuvo le sobraron algunos para darse cuenta de que aquello no era lo suyo. Después del periodo inicial de adaptación, empezó a jugar habitualmente, lo que al menos le sirvió para no perder el ritmo competitivo. Preguntado qué tal en Grecia, responde sonriente que «mal» pero que tampoco se arrepiente en absoluto porque «mira dónde estoy ahora».

Adiós a Grecia

Finaliza la temporada y le dice al club que lo siente, que le queda un año de contrato pero que echa de menos España y su casa. Decide rescindir.

Empiezan entonces tres años consecutivos en tres clubes de la Segunda B de grupos diferentes en los que ha ido subiendo despacio pero firme, jugando al menos 33 partidos por temporada y cumpliendo las tres veces los objetivos personales y colectivos.

En la 2015-16, Bonilla espera jugar en algún equipo puntero de Segunda B o incluso en Segunda. Rechaza algunas ofertas, apura demasiado, y finalmente firma por el Leioa vizcaíno. El objetivo es salvarse, para lo cual deben jugar el play-out que disputan los quintos clasificados por la cola. Les toca jugar contra el Olímpic de Xàtiva. En la ida, en tierras valencianas, empatan a uno con un golazo de falta de Bonilla. En la vuelta, 4-1. El de Ágreda recuerda con mucho agrado aquella temporada y aquel club, con un trato muy familiar y cercano que le hizo estar siempre a gusto.

En la 2016-17, gracias a esa continuidad alcanzada en Leioa, logra dar un salto de calidad jugando en un equipo de capital de provincia que estuvo no hace tantos años en Segunda, el Pontevedra. A pesar de ello, el objetivo primordial no era el ascenso, sino mejorar las prestaciones del año anterior, cuando el equipo terminó séptimo. Y así fue. El Pontevedra termina cuarto y le toca la primera ronda de la promoción de ascenso contra el Murcia: 1-3 en Pontevedra (nuevo gol de Bonilla, de penalti) y 1-1 en Murcia, insuficiente para seguir avanzando. En previsión de que las cosas le salieran bien, Bonilla solo firma un año por el Pontevedra, donde lo juega absolutamente todo salvo un par de partidos por acumulación de amarillas y donde además anota ocho goles, seis de ellos de penalti.

Rumbo a Mallorca

Y llegamos de nuevo al principio.

En verano de 2017, el Mallorca recién descendido llama a Bonilla. El lateral no quiere que le suceda lo de dos temporadas atrás. La oferta balear es buena y la acepta. Firma para dos años, con el claro objetivo de ascender en el primero para intentar volver a jugar en Segunda división. El Mallorca es una máquina de ganar y empatar partidos y no hace nada más que coger ventaja con sus perseguidores. Termina la temporada regular con ocho puntos de colchón sobre el segundo, el Villarreal B. Como primero de grupo, tiene una primera oportunidad de ascenso directo contra el Mirandés, campeón del grupo 2. Y el Mallorca no la desaprovecha: 3-1 en casa con un Son Moix entregado y empate a cero en Anduva, en un partido en el que Bonilla se lesiona nada más comenzar. Esa lesión le impide jugar los dos intrascendentes partidos ante el Rayo Majadahonda, tras los cuales el Mallorca se proclamó campeón de los 80 equipos de la Segunda B de esta temporada.

A punto de cumplir 28 años, después de un periplo por tierras griegas, vascas, gallegas y baleares, Bonilla regresa al fútbol profesional español. El Mallorca le ha dicho que cuenta con él para el nuevo proyecto en Segunda. De hecho, todos los futbolistas salvo Cedric tienen contrato, si bien habrá incorporaciones y probablemente salidas para hacer un equipo competitivo a la altura de un histórico como es el Mallorca.

Su sueño para el futuro sería continuar como hasta ahora, en el Mallorca, deseo que se fundamenta en que «hemos vivido un año increíble. Es fácil hablar cuando todo sale tan bien». Está contento con el club, la ciudad, la isla… Regresará a los entrenamientos el próximo 10 de julio. Alrededor de ese día se conocerá el calendario de Segunda división. En ese momento, aunque no quiera, lo primero que hará será buscar cuándo le toca al Mallorca jugar en Los Pajaritos.


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Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS El parkour es la modalidad deportivo-callejera que nació a caballo entre los años 80 y 90 del siglo pasado en Francia. Sus practicantes utilizan los elementos urbanos más cotidianos (rampas, vallas, barandillas, escaleras, paredes, azoteas, contenedores…) no tanto como obstáculos sino elementos a través de los cuales es posible desplazarse. Para los no practicantes, o para los no conocedores, sería impensable moverse a través de esos lugares, y especialmente como lo hacen con ellos, con una atractiva mezcla de agilidad, valentía, fuerza y precisión que convierte al parkour en uno de los ‘deportes’ más plásticos que existen.

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‘Deporte’, entre comillas, porque el parkour a priori no entiende de competiciones entre participantes. La única competición es con uno mismo, mejorar cada día, saltar donde antes no se saltaba y dar la voltereta cuando antes se aterrizaba con la espalda. Aun así, cuando se junta un grupo de amigos de nivel parejo, siempre se van poniendo entre ellos algunos retos concretos, utilizando esa motivación de ‘si tú la haces, voy a ver si lo hago yo’, para seguir mejorando.

Hace escasas semanas abrió en Soria el Parkour Park, en Los Royales. Allí se junta un grupo de jóvenes sorianos, entre 11 y 18 años, cuyo nexo de unión no es otro que este deporte. Cada uno llegó a él de diferente manera, después de verlo en televisión, a través de vídeos… o atraído por la espectacularidad de lo que se ve en el mítico videojuego Assassin’s Creed: «Cuando lo vi ahí dije: ‘yo quiero hacer esto'». Esta afición creciente en la ciudad hizo que el Ayuntamiento construyera este parque, que abrió en Semana Santa.

Allí, ahora que va haciendo buen tiempo, se juntan Alejandro, Alex, Javier, José, Marcos, Mario, Mario bis, Santiago, Sebastián… Por el tema de los estudios y de otras actividades, van más en fin de semana que entre semana, pero en la tarde de hoy jueves han estado ejercitándose allí para mostrar sus progresos y, sobre todo, sus ganas de progresar.

En los diferentes elementos allí colocados pueden practicar el pasavalles (saltar con las piernas de lado), el gato (saltar con las piernas entre los brazos) o los diferentes saltos de precisión, altura y distancia, todo ello según las capacidades de cada cual y según el tiempo de relación con el parkour que cada uno lleve. Alguno comenzó hace ya unos tres años, de manera más autodidacta y libre que ahora.

Más allá de estos entrenamientos y estos ejercicios en el Parkour Park, donde también aprovechan para relacionarse, el grupo reconoce que la ciudad de Soria en sí no está mal para los aficionados a esta práctica: «No es Madrid o Barcelona, pero para ser una ciudad pequeña, hay más cosas de las que parece. No te aburres».

En el nuevo parque, los jóvenes sorianos practican o bien movimientos sueltos para ir perfeccionándolos o bien recorridos en los que van enlazando dichos movimientos. En sus canales de Youtube se puede disfrutar de algunas de las cosas que realizan, como por ejemplo en estos dos vídeos:

En el parkour, por supuesto, existen cracks tanto a nivel español (Shifer, Phosky) como a nivel mundial (los británicos Storror, que recorren el mundo para grabar espectaculares vídeos). Son tres ejemplos de otros que podrían citarse. A pesar de no haber competiciones como tal, esta gente de primera fila sí ha conseguido también hacer de su afición su medio de vida, gracias a los cientos de miles de suscriptores que tienen sus canales, lo que genera millones de visualizaciones en sus vídeos.

En Soria, a fecha de hoy, ese nivel todavía no existe. Pero sí existen los referentes, la afición, la ciudad… y, ahora, el nuevo parque, donde aquellas personas que quieran iniciarse pueden conocer a otras personas que ya hacen cosas que merecen ser vistas.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Hoy miércoles, a las 13.30, Hugo de Miguel Ramos competirá en el Campeonato del Mundo Escolar que se celebra en París. El joven soriano asegura que estar allí ya es para él un premio, así que va a intentar disfrutar al máximo de la experiencia… estando lo más arriba que pueda durante toda la carrera.

Casualmente, con esas mismas expectativas y esos mismos deseos llegaba a esta misma competición otro soriano, hace ahora 30 años. Juan Luis Gómez Calvo (Soria, 16 de febrero de 1973) se clasificó junto con el equipo de Castilla y León para tomar parte en este Mundial Escolar en la ciudad de Luxemburgo. Su idea era disfrutar corriendo, pasárselo bien con sus compañeros y con sus rivales durante estos días de convivencia. Y al final, además de todo ello… ganó. Primer soriano campeón del mundo en atletismo, aunque no fuera una competición federada.

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La relación de Gómez Calvo con el atletismo no fue muy larga, pero sí muy intensa y de alta calidad: «Desde pequeño siempre hacía mucho deporte, jugaba al fútbol en el colegio sobre todo». Su primer contacto con el deporte rey fue en una carrera de los Derechos del Niño: «Me inscribió mi abuela y la gané, tenía nueve o diez años». Desde entonces, siempre que acudía a competiciones con su colegio, con la Barriada, las ganaba, como algo natural.

En 8º de EGB (actual 2º de la ESO), en su segundo año infantil, su colegio se proclamó campeón provincial de cross. Por ese motivo, viajó a Arévalo (Ávila), a competir en el Autonómico. Esta vez no repitieron el triunfo colectivo, pero Gómez sí fue nuevamente el más rápido contra los más rápidos de toda Castilla y León… y sin entrenar.

A raíz de ese triunfo (1987), el entrenador Enrique Pascual Oliva decidió llamar a la joven promesa soriana. El grupo de Pascual Oliva no era entonces muy amplio pero sí de altísima calidad. Entre otros, estaban Abel Antón (que en aquella época vivía en Zaragoza) y los juniors Fermín Cacho y Juan Manuel Abad Manteca: «Aquel invierno, los sorianos ganábamos casi todos los crosses, Sonseca, Lasarte, Venta de Baños… Abad Manteca en junior y yo en cadetes. Por aquellos años salíamos mucho en prensa y yo creo que eso ayudó a que cada vez más niños y jóvenes de Soria practicaran atletismo».

Después de esos triunfos en carreras de tanta tradición, llegó el momento de enfrentarse con los mejores cadetes del país en el Campeonato de España que se celebró en la localidad asturiana de Llanera. Siguiendo la racha de los meses anteriores, Juan Luis Gómez Calvo fue el primero en entrar en meta a pesar de ser cadete de primer año. Y de nuevo, no solo ganó individualmente, sino que Castilla y León se impuso por comunidades autónomas.

Gracias a ese triunfo, el equipo castellano y leonés fue seleccionado para competir en el Mundial Escolar de Luxemburgo, representando a España… y al instituto Antonio Machado de Soria, ya que había que acudir como miembros de un colegio. Al pequeño país centroeuropeo viajaron dos sorianos: Juan Luis Gómez Calvo y su entrenador desde hacía unos meses, Enrique Pascual Oliva.

30 años y un mes después de aquello, el soriano recuerda muchos detalles de esa carrera: «El día anterior había nevado y esa mañana también nevaba. Se corría por la mañana, alrededor de las 12.00. Eran cinco vueltas a un circuito de un kilómetro. Para mí estar allí era un premio, la primera vez que montaba en avión y que salía al extranjero. El objetivo era disfrutar… corriendo todo lo que se pudiera. Como en España ganaba con cierta amplitud, en Luxemburgo me exigieron mucho, se salió muy rápido, nunca había corrido tanto. Iban siempre los argelinos delante, junto con el italiano Christian Leuprecht. A unos 500 metros de meta, había un pequeño repecho donde los argelinos cambiaban. Según pasaban las vueltas iba pensando: ‘Si en el último paso por el repecho consigo ir delante, nada más bajar, acelero’. Y así fue. Íbamos juntos, cambié, y llegué el primero a la meta». Campeón del mundo escolar. El equipo de Argelia quedó primero por delante de España e Italia, donde también estaba el luego maratoniano Vincenzo Modica.

Gómez Calvo, entrando en meta en Luxemburgo

Aquel triunfo fue el comienzo de unos años de éxito tanto en la categoría cadete como en la junior, ya que todavía no había juvenil. Además de sus buenas prestaciones en el cross, Juan Luis Gómez consiguió trasladar esa fluidez en la zancada a la pista, tanto en los 3.000 metros como en el 5.000. 30 años después, suya es todavía la segunda mejor marca cadete española de siempre en 3.000 (8:38.56, el 9 de julio de 1988 en Santiago de Compostela, récord de Castilla y León todavía hoy). 28 años después, también conserva la cuarta mejor marca española juvenil de todos los tiempos en 3.000 (el 8:16.61 con el que ganó en Macerata -Italia- el 1 de julio de 1990, récord de Castilla y León todavía hoy) y la séptima en 5.000 (14:44.97 del 30 de julio de aquel mismo año en Guecho -Vizcaya-).




Esos resultados en casa también tuvieron reflejo en el extranjero, en sus varias convocatorias con la selección española, siempre como junior. Todavía no había Europeo de Cross, pero sí compitió en dos Mundiales: 57º en 1991 en Amberes (Bélgica) y 81º en 1992 en Boston (Estados Unidos). En 1991, además, consiguió su principal éxito internacional, al ganar la medalla de bronce en el 5.000 del Campeonato de Europa celebrado en Tesalónica (Grecia). Con 14:21.77, entró por detrás del irlandés Marc Carroll (14:19.48, luego hizo una gran carrera deportiva) y del francés Cyrille Ballester (14:21.33). Unos días antes, casualmente, había sido cuarto en la Gimnasiada de Salamanca. Los cuatro primeros fueron los mismos que en tierras griegas, pero el soriano logró cambiar su posición por una más arriba.

Un año después, en 1992, formó parte de la selección de Europa invitada a participar en los Juegos del Pacífico en Darwin, en Australia, donde obtuvo la victoria también en el 5.000. Ese mismo verano tuvo el privilegio de correr junto a dos de los más grandes de todos los tiempos. En el Mundial de Seúl, de nuevo en el 5.000, cayó eliminado el 17 de septiembre en semifinales, al terminar noveno con 14:17.02. Aquella carrera la ganó… el etíope Haile Gebrselassie. En la final, volvió a triunfar ‘Gebre’ por delante del keniano Ismael Kirui y del marroquí Hicham El Guerrouj, el gran dominador del 1.500 en la década posterior. Aún puede consultarse en la IAAF el perfil de Juan Luis Gómez Calvo.

(Casualmente, ayer martes, Hicham El Guerrouj estaba en París como anfitrión de todos los jóvenes que van a participar en el Mundial Escolar. Hugo de Miguel se fotografió junto a él).

Después de Seúl, el fondista de la Barriada dejó de competir. Siempre ha mantenido la relación con el deporte pero lejos del primer nivel. En estos casi 26 años que ha pasado desde entonces, las horas que antes pasaba entrenando y descansando las ha pasado trabajando y trabajando. Sí, porque estudiar y formarse también es trabajo.

Juan Luis Gómez Calvo recibió ayer la noticia de que había aprobado una oposición. Hace aproximadamente un año, además, retomó la costumbre de salir a correr con alguna frecuencia. Ahora que sus horarios y sus calendarios de trabajo se lo facilitarán, tiene dos objetivos en mente: participar en la San Silvestre Vallecana y terminar una maratón. Como las cualidades no se pierden y la competitividad tampoco, cuando se enfunde otra vez un dorsal y un cronómetro,  sentirá de nuevo cómo va dejando atrás a toda velocidad los kilómetros. Ahora, de asfalto.


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Fotografía: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Una figura se mueve por el polideportivo con ligereza y elegancia, realizando con naturalidad ejercicios imposibles de flexibilidad. Son movimientos medidos y precisos, de una plasticidad y belleza abrumadora, después, la cabeza, las piernas y el resto del cuerpo vuelven a su estado original, hasta que la gimnasia rítmica de Rubén Alonso San Miguel (Benavente (Zamora), 26-06-1998) vuelve a comenzar, en una nueva sesión de trabajo con la que perseguir la ansiada perfección.

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Parece imposible lograr una progresión y un rendimiento tan elevado con tan solo cuatro años de práctica deportiva, y es que Rubén, a pesar de llegar un poco tarde a iniciarse en la gimnasia rítmica, con 16 años, ciertamente tenía mucho ganado tras haber probado un sinfín de deportes con anterioridad. El inicio, eso sí, no fue muy original, como cualquier chaval hizo sus pinitos en el fútbol, pero se dio cuenta pronto de que no era su disciplina preferida y apenas duró un par de años. Después, llegó el turno de la natación, donde comenzó con una tanda de cuatro años, paró, y regresó de nuevo a la piscina, hasta llegar incluso a competir incluso en alguna prueba nacional.

A pesar de su idilio con el agua, lo cierto es que el medio acuático se le quedó pequeño, y empezó a patinar en actividades extraescolares. Después llegaría el turno de la escalada, donde le propusieron competir, aunque el preferiría dejarlo en una simple afición. De hecho, pasó a formar parte de un grupo de ‘scout’ en Benavente, donde tuvo la oportunidad de realizar muchas actividades más, como alpinismo, trekking, barranquismo, orientación, tiro con arco, rugby, ultimate frisbee… En definitiva, la actividad física como parte de su ADN, puesto que incluyo creó un espectáculo circense con acrobacias aéreas, en suelo, malabares y teatro…

Sin embargo, durante los entrenamientos de escalada en Benavente, veía como en el piso de abajo entrenaban a gimnasia rítmica y el trataba de emular algún ejercicio sin llegar a poder tocarse los pies. Un día, sus amigos le dijeron que bajara a probar, pero le dio vergüenza. Así que sus amigos tuvieron que preparar el terreno, hablaron con las entrenadoras sobre Rubén y ellas no dudaron en invitarle a entrenar.

Las preparadoras se dieron cuenta rápido de las habilidades de Rubén, aunque él se sentía «como un palo». Ya en casa, le preguntó a su madre por la posibilidad de hacer gimnasia, pero sus padres le sugirieron que no continuara por lo que fuera a pensar la gente. Pero Rubén ya le había atrapado la gimnasia, y le daba igual lo que dijeran los demás, viendo el argumento endeble, así que estuvo yendo a escondidas durante cinco meses, escalando una hora y haciendo gimnasia durante otras dos.

Cinco meses después, Alonso ya no ocultaba que él era y es gimnasta, lo que no evitó que fuera un periodo «tenso», ya que se convertía en el primer niño de Castilla y León en hacer gimnasia rítmica, y además en hacerlo en un pueblo. En esta ocasión, los prejuicios se toparon con la persona equivocada, pues Rubén iba a ganar la partida, aunque lamentablemente, reconoce que otros chicos no tuvieron la misma fuerza o el suficiente carácter y se vieron obligados a abandonar.

Volcado ya con el hallazgo de su deporte, a los nueve meses Alonso ya representaba a Castilla y León en un Campeonato Nacional, ahora, lleva cinco. Claro que no iba a ser tan sencillo, porque en su propio deporte también iba a encontrar recelos, malas miradas y comentarios en contra de su figura masculina, tanto de mujeres, como de hombres. En los propios campeonatos encontraba comentarios negativos y también positivos, de hecho, recuerda con cariño que hay quien le ha terminado pidiendo algún autógrafo.

A finales de 2017 llegaba un nuevo desafío para su historia deportiva, ya que su traslado a Soria para estudiar fisioterapia ponía en jaque la posibilidad de continuar entrenando, algo que había podido hacer en León, donde había empezado a estudiar enfermería. Por suerte, aunque no conocía ningún club en Soria, pronto le dieron el contacto de las entrenadoras del Club Gimnasia Soria, quienes no dudaron en hacer todos los cambios necesarios para que Rubén pudiera continuar entrenando con los grupos de aeróbica o de rítmica, donde fuese. Afortunadamente, Soria no será el final de esta historia, solo una parada más, aunque este gimnasta dice ser «mayor» con tan solo 20 años, y a pesar de que ahora solo cuenta con dos horas a la semana de tapiz, una escasez de tiempo de instalaciones con la que lidia este deporte en la ciudad. 

En cuanto al futuro, a Rubén le gustaría pelear por un podio en un Campeonato de España y sobre todo, por abrir las puertas de par en par a esta disciplina para que pueda practicarla cualquier persona. Está en ello, ha sido subcampeón de Galicia, campeón de Castilla y León, donde no tenía competencia, ganador de varios torneos y su progresión en nacionales sigue en aumento, siendo undécimo, décimo y séptimo en los últimos años. Le haría mucha ilusión participar en un Campeonato de Europa, un Mundial o en alguna cita internacional ya que hasta ahora no hay citas internacionales masculinas de esta modalidad. No obstante, aunque España es una potencia en rítmica masculina, Rubén lamenta que los estamentos federativos, muchos de ellos compuestos por hombres, no acaban de tratar con igualdad a las dos categorías.


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Yolanda Martín. Foto: Concha Ortega.

HISTORIAS DEPORTIVAS. Yolanda Martín Ramos (18-02-93) comenzó a dar sus primeras zancadas con «7 u 8 años» de la mano del colegio de Las Pedrizas. Ganó el primer cross en el que compitió, en Almazán, y empezó a pensar que el atletismo era lo suyo. Ramón Zapata comenzó a convertirla, como a muchos de sus pupilos, en una atleta que acumularía en su currículum mucho más que esa medalla de Almazán. Su amor por el Moncayo y su participación en el Kilómetro Vertical le decantaron por el trail. En 2016 decidió dar un paso más y fue subcampeona de España de Carreras de Montaña. Ese año debería haber participado en el Europeo de Trail y de Cross pero lo que Yolanda cuenta con resignación que forma parte del «atletismo» fue una de las mayores injusticias de este deporte. Desde hace unos meses forma parte del Wild Trail Project, compitiendo en varias citas nacionales bajo el paraguas de Nike. Hace unos días aprobó el MIR y ahora, no quiere descuidar la montaña pero mucho menos a sus pacientes. Esta es su historia.

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Los primeros pasos de Yolanda Martín fueron en las pistas y en los crosses de la provincia, de la mano del colegio Las Padrizas. Un compañero de su madre, del colegio de Almazán, la animó a que la llevara a competir en el cross de la localidad. Yolanda ganó. Empezó a correr de manera federada durante varios años bajo las órdenes de Ramón Zapata en el Club Atletismo Soria, pero en el año 2012 fichó por el Bidezabal para poder competir en Ligas. Allí estuvo dos años para subir un escalón más y fichar por el Club Atlético San Sebastián, aunque la pista no terminaba de ser lo suyo, por lo que el paso definitivo a la competición de montaña lo dio con su club actual, Club Añares Rioja. Lleva cerca de cuatro años de la mano de José Luis Mareca, un veterano técnico que acumula 45 años ligado al atletismo con un grupo de fondistas como Toni Abadía o Carlos Mayo.

Yolanda recuerda con especial cariño su primera participación en el Kilómetro Vertical del Moncayo, una prueba con una «dureza tremenda» pero que le «encantó» y le terminó por convencer de que lo suyo era la montaña. Si le quedaba alguna duda, la victoria en la Trail de Alquézar, prueba de 13,5 kilómetros de Ultra-Trail Guara Somontano, corroboró que sus piernas estaban destinadas para el barro y el riesgo.

Fue esta victoria la que le abrió, hace apenas unos meses, una de las puertas más importantes de su carrera ya que  Wild Trail Project comenzó a fijarse en ella, y la fichó para este proyecto formado por atletas del trail bajo la marca de Nike. Este proyecto nació hace dos años y en diciembre incorporó a la soriana, Pablo Villa (campeón por equipos en el Campeonato del Mundo de trail), Pau Bartoló y Antonio Martínez. Cinco chicas y dos chicos que, como Yolanda explica, no tienen «nada que ver» ya que cada uno es de una parte de España y tiene su profesión pero, eso sí, comparten el amor por la naturaleza y la montaña. Formar parte de este proyecto le compromete a participar en distintas citas a nivel nacional vistiendo la marca Nike.

Otro de los momentos que Yolanda recuerda, eso sí con un sabor agridulce, fue su primer Campeonato de España de Carreras de Montaña. «Le dije a Mareca, ¿por qué no lo preparamos? y fue magnífico porque quedé subcampeona y me decidí por completo por la montaña», cuenta la deportista soriana, poco antes de rememorar que ese mismo año, y de manera injusta, se quedó fuera del Europeo, «es lo que tiene el atletismo, tu corres pero mandan otros».

Lo que sucedió en ese 2016 fue que competían en el Europeo, o al menos así lo marcaba la normativa, las cuatro primeras chica de cross (Yolanda fue cuarta) y las tres primeras de Trail (Yoli fue segunda, subcampeona), cumplía los requisitos pero sin embargo, cuando la Federación dio a conocer la lista, el seleccionador la dejó fuera. Los motivos de esta decisión casi personal nunca terminarán de conocerse y mucho menos aún de justificarse.

Yolanda lo recuerda con algo de resignación y nostalgia, pero lejos de tirar la toalla, decidió que quería seguir echando un pulso a la montaña pero eso sí, siendo consciente que era su afición y disfrutar, su objetivo, porque «si lo hiciera por conseguir medallas, hace tiempo que lo habría dejado». Aunque a día de hoy su vitrina está llena de medallas (Boalares de Ejea, Ultra Trail Guara Somontano, Alquézar Trail, Subida al Palillo, Travesía Alto Duero…) 




A pesar de este mazazo, y tras un año sin inscribirse, este 2018 volverá a participar el 12 de mayo en el Campeonato de España de Montaña en Peñagolosa (Castellón) y quién sabe si en esta ocasión vuelve a hacerlo tan bien como la primera vez y no hay más piedras en el camino que las que se le crucen por la montaña. Seguro que en este 2018 merece la pena no desfilar de piñora el Domingo de Calderas, y es que el Europeo de Montaña en Macedonia coincide con el día de ‘más esplendor’.

La pasión de Yolanda por la montaña (a caballo entre Alconaba y Abejar) le viene desde muy joven aunque siempre «piensas que eres pequeña para estar sola en el monte». Ahora entrena a diario en Zaragoza, compaginando series con su grupo de entrenamiento con tiradas de montaña. Uno de sus objetivos a corto plazo es ir a entrenar a los Pirineos, aunque…»teniendo el Moncayo», y es que reconoce que «es un privilegio» entrenar cuando viene a Soria. Aquí mezcla series en el Pinarcillo con montaña en Santa Ana, el Pico Frentes o en el propio Moncayo.

Reconoce ser un poco «cabeza loca» y eso le «beneficia» a la hora de arriesgar para subir a las alturas y lo que es más importante, en las bajadas por pendientes y cortados. Aunque también es cauta y a pesar de disfrutar de la soledad de correr en contacto con la naturaleza, prefiere hacerlo arropada por compañeros y es que «siempre puedes torcerte algún tobillo y es bueno tener a alguien al lado».

Yolanda tiene por delante un mes de mayo especialmente dulce, con el Europeo y con su participación en el Kilómetro Vertical de Zegama (Gipuzkoa), «la cuna de todas las carreras trail del mundo y el sueño de todo corredor de montaña» en la que tiene el privilegio de participar el próximo 25 de mayo y que afronta con ganas de vivir «la sensación y el ambiente». Una cita única en la que «hay gente que nunca en su vida logra un dorsal» y es que, según las estadísticas, la posibilidad de que toque uno por sorteo es del 2,63% (250) mientras que el resto se reservan a profesionales.

Esta cita y la probabilidad de ir al Europeo le mantienen «ilusionadísima» pero aún lo hace más la idea de «empezar a trabajar». La soriana comenzó hace 8 años la carrera de Medicina en Zaragoza, hace unos días aprobó el MIR y comenzó su sueño. Ahora le toca elegir destino y empezar a compartir el amor por la montaña con sus propia pasión, la medicina. Y es que, de manera sensata muestra sus ganas de ponerse la bata blanca mientras asegura con rotundidad que, a partir de ahora, «lo primero van a ser mis pacientes».

Por Teresa Arroyo


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Marina Peña. Foto: Concha Ortega.

HISTORIAS DEPORTIVAS Marina Peña Mateo (Langayo (Valladolid), 28-07-1971) encarna a la perfección el prototipo de triatleta, ya que donde otros ven barreras y límites, ella solo ve objetivos en los senderos que le llevan fuera de su zona de confort. Así, a pesar de haber comenzado a competir hace tan solo unos años, no ha dejado de mejorar, de conquistar nuevos límites personales y de meterse en el bolsillo a todos los compañeros y rivales que se cruzan en su camino. La vida, en su curso más amargo, le ha puesto a prueba, pero Marina ha ganado la partida en cada brazada, en cada pedalada y en cada zancada. 

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Lo de competir, podríamos decir, acaba de empezar, pues de niña siempre coqueteó con el deporte, pero nunca llegó a federarse en ninguna disciplina. Su infancia en un pueblo de la Ribera del Duero en la provincia de Valladolid, Langayo, le permitía tener espacio suficiente para correr con los amigos y empezar a dar los primeros paseos en bicicleta. En el colegio también probaría el voleibol, pero su principal actividad física seguirían siendo los paseos por el pueblo.

En 1991 aterrizaría en Soria, territorio que comenzaría a explorar con largos paseos, alguna que otra carrera o paseo ciclista sin ninguna pretensión deportiva más allá del simple placer de la actividad física. 

Después llegaría la maternidad, y a diferencia de otras madres que cesan su actividad deportiva, Marina compró la bicicleta para salir de paseo con sus hijos Marco y Marina. Poco a poco, comenzaba a inculcar su gusto por el deporte a los más pequeños de la casa y a compartir con ellos la actividad física. De este modo, si apuntaba a los niños a patinaje, ella patinaba, y si les apuntaba a natación, ella también nadaba. Finalmente sus hijos se decantarían por montarse en la bicicleta, por hacer triatlón, y claro, ella no se iba a quedar atrás. Así, en 2011, más o menos, y pese a no haber participado nunca en ninguna prueba, Marina Peña comenzaba su etapa como triatleta.

Unos años después, en agosto de 2013, un conductor atropellaba de forma incomprensible y mortal a la joven triatleta soriana María García Rubio. Muchos sorianos, incluso sin conocer a la deportista, lloraron por la triste noticia, pero fueron los familiares y amigos, entre ellos Marina y sus hijos, los que vieron la cara más cruel de la vida. Tras el impacto directo a la línea de flotación, Marina descubrió en el triatlón una forma de canalizar sus sentimientos, una ayuda, y se aferró con fuerza a su manillar dispuesta a presentar batalla. 




En un primer momento, su filosofía sería sencilla: el objetivo, el premio, es cruzar la línea de meta aunque sea llena de barro, aunque sea en última posición, con la única premisa de no caerse. La fórmula daría resultado, y de hecho la mantiene, aunque los límites que ha ido conquista y dejando cada vez más y más lejos, han sido numerosos. No obstante, Peña ha logrado una medalla de bronce en su grupo de edad del campeonato de España de duatlón 2017, así como un ránking de duatlón cross de Castilla y León y varios podios más de esta competición anual. También ha cosechado varios campeonatos de Castilla y León absolutos de duatlón cross y numerosas victorias en diferentes escenarios, sobre todo, de la Comunidad. Precisamente la victoria lograda en el autonómico de Fuentemolinos un 22 de marzo es una de las victorias que guarda con más cariño por las connotaciones personales y emotivas que tuvo para ella.

A pesar de señalar que no tiene un gran carácter competitivo, lo cierto es que es una de las deportistas que participa en más pruebas y que más kilómetros hace durante el año para poder practicar su deporte preferido. Por eso y por su carácter afable, así como su sonrisa perenne, la deportista del Deporama Joven In Triatlón Soriano se ha metido a sus rivales y compañeros de pelotón en el bolsillo. De hecho, es esta faceta sociable, de buenas vibraciones entre deportistas, más allá de la rivalidad deportiva, una de las características del triatlón que más le gustan.  

Su margen de mejora parece no tener límite, de hecho, probablemente esté actualmente en su mejor estado de forma, y disfruta más que nunca. Mira la vista atrás y reconoce que participa en pruebas que nunca pensó que llegaría a completar, que baja por descensos de piedra que jamás había confiado en superar y que comparte pelotón con deportistas de un gran nivel con los que no pensaba poder llegar a coincidir. Claro que también hay algún que otro sinsabor, por ejemplo, echa en falta que haya más mujeres que se animen a competir, puesto que muchas hacen deporte pero no acaban de atreverse a participar en pruebas. Por otro lado, lamenta que en muchas ocasiones los medios de comunicación solo ofrezcan cobertura a los éxitos masculinos y en los titulares ni siquiera se mencione a las ganadoras… Pero sin duda, su principal reivindicación, es la de pedir a todos los conductores que respeten a los ciclistas, recomendando guardar 1,5 metros en los adelantamientos.


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Fotomontaje: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Cuando el entrenador Nacho Martín decidió que Alejandro Cacho Hernández (Ágreda, 3-9-1987) jugara de titular hace un par de domingos en el campo del Logroñés, quizás no sabía que le estaba concediendo al futbolista soriano la oportunidad de firmar algo histórico: jugar 300 partidos en la tercera categoría del fútbol español, la Segunda B. A sus 30 años recién cumplidos, Alex Cacho ya ha completado una interesantísima carrera futbolística cuyos siguientes capítulos dependerán de factores que todavía no pueden conocerse.

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Lo que sí se puede conocer es su largo pasado desde que empezó a interesarse en Ágreda por el atletismo y, sobre todo, por el fútbol. En su localidad, cuando él militaba en esas categorías, no había equipo benjamín ni alevín. Tampoco lo hubo en su primer año infantil (1º de la ESO), así que decidió empezar a jugar en Soria, en el Calasanz. Subía un par de veces a la capital con otro agredeño, Isi, que también jugó con el primer equipo del Numancia y que ahora lleva varios años jugando en la Tercera navarra, en el Cintruénigo. El entrenador era Luis Alonso.

Su segundo año infantil ya tenían equipo en Ágreda, pero él estaba contento en el Calasanz, y allí continuó jugando. Como cadete de primer año continuó en el equipo colegial, jugando todavía en las ligas provinciales.

El primer gran cambio lo dio el segundo año cadete, en el que se incorporó a la disciplina del Club Deportivo Numancia, donde estuvo un total de cinco temporadas en un par de etapas (1+4).

En su primer año como juvenil (2003-04), el Numancia estaba recién ascendido a la División de Honor y no tenía filial en esa categoría. A los que venían del segundo equipo cadete y que seguían interesando se les ofreció ir a otros equipos para foguearse. Alex Cacho siguió entrenando entre semana con el Numancia (fue la temporada de Jorge Postigo y Raúl Martínez de entrenadores), pero jugaba la Preferente de Aragón con la SD Ágreda, en la única temporada que ha estado federado en su pueblo.

El Numancia descendió a la Juvenil Nacional en la 2004-05, y Alex fue llamado para formar parte de la plantilla. El entrenador volvía a ser Pablo Machín, quien volvió a conseguir al ascenso a División de Honor. Allí jugó también Alex en su tercer año juvenil, en el que el equipo rojillo se mantuvo en la categoría. Esta temporada (2005-06) ya jugó algunos partidos en el equipo de Tercera de Luis de Miguel.

Terminó entonces su andadura en categorías inferiores, y el Numancia seguía confiando en él para el proyecto de Tercera división, aquel espectacular año en el que el equipo se quedó a un solo gol de ascender a Segunda B en aquel famoso partido en Los Pajaritos contra el Ontinyent. Eso fue en la 2006-07, otra vez con Machín en el banco.

En la 2007-08, Machín pasó a formar parte del cuerpo técnico del primer equipo del Numancia, aquel de la primera etapa de Arconada en la que el equipo se proclamó campeón de Segunda. Alex Cacho jugó algunos amistosos, entre ellos el de presentación contra el Zaragoza, así como su único partido oficial con el primer equipo soriano, una derrota 2-0 ante el Hércules de Alicante. A final de temporada, con el equipo ya ascendido a Primera, tuvieron minutos jugadores como Gabi, Rodri, Nandi o Huete, que se sumaban a canteranos con mucho peso en el ascenso como Mario, Rafa o Pavón. Alex Cacho, que estaba terminando Magisterio de Educación Física, hacía prácticas en esos meses de mayo y junio y se quedó sin debutar en Segunda. En ‘su’ equipo, el de Tercera, y con Ricardo Gil en el banquillo, terminaron en la zona media-alta de la tabla.

A escasas semanas de cumplir los 21 años, y cumpliendo una carrera íntegra como jugador del centro del campo, a Alex Cacho le surge la oportunidad de jugar en Segunda B, precisamente en el Ontinyent, que seguía entrenado por Toni Aparicio, el mismo técnico que privó al Numancia B del ascenso dos temporadas antes.

Alex Cacho se lo plantea al director deportivo soriano, Pacheta, quien entiende este deseo del jugador de ‘ascender’ y le asegura que cuenta con él en el caso de que haya un futuro proyecto en Segunda división (en esa campaña 2008-09 el Numancia estaba en Primera). El año siguiente, efectivamente, el primer equipo desciende. En la 2010-11, el equipo sigue en Segunda, pero el nuevo director deportivo, el recién retirado César Palacios, ya no cuenta con el jugador de Ágreda a pesar de que venía de hacer una gran temporada individual y colectiva en Segunda B.

Terminaba de esta manera la relación de Cacho con el equipo de su tierra y se iniciaba (continuaba, realmente) esa larga carrera en Segunda B que es el origen de este reportaje.

2008-09. Ontiyent. Debut del jugador soriano en Segunda B. Alex Cacho llega a un equipo muy hecho, con el centro del campo ya formado. Prueba como lateral derecho, y tanto él como el entrenador Toni Aparicio están satisfechos. Desde entonces, salvo esporádicas apariciones en otros puestos, el futbolista ha desarrollado su carrera pegado a la banda. Terminan sextos, a tres puntos del cuarto. Partidos jugados: 35.

2009-10. Ontinyent. De nuevo con Toni Aparicio en el banquillo, como el año anterior. Terminan terceros del grupo 3 detrás del Sant Andreu y el Barcelona B. En la fase de ascenso a Segunda, eliminan al Guadalajara y al Eibar, con cuatro victorias. En la tercera y definitiva eliminatoria, contra el Alcorcón, terminan 1-1 en Onteniente y 3-2 en Alcorcón… Por un gol anotado en el minuto 93, el equipo valenciano, que ganaba 0-2 en el minuto 63, no sube a Segunda. Partidos jugados: 37 (más 35, 72).

2010-11. Sant Andreu. El Ontinyent quería que siguiera, pero le sale la oportunidad de ir al equipo que había quedado campeón el año pasado, el Sant Andreu presidido por Joan Gaspart. Era un buen equipo al que condenó la falta de gol. Acabaron séptimos, pero las expectativas eran más altas. Al final de temporada sufrió su única lesión reseñable, un esguince de rodilla que apenas le hizo perderse partidos ya que se recuperó en los meses de verano. Partidos jugados: 35 (más 72, 107).

2011-12. Ontiyent. Joan Gaspart se desentiende del Sant Andreu y Alex Cacho tiene la opción de regresar al equipo donde tan buen debut tuvo en Segunda B. El equipo terminó la primera vuelta a apenas dos puntos de la promoción de ascenso, pero empezaron a aparecer los problemas económicos que tuvieron reflejo en el césped: acabaron a cinco puntos del quinto por abajo, el que juega promoción de descenso. Alex hizo tres de los seis goles de su carrera (los otros fueron en la 2010-11, 2012-13 y la actual 2017-18. Partidos jugados: 35 (más 107, 142).

2012-13. Lleida. Tras esos problemas en el Ontinyent, tiene la oportunidad de jugar en otro equipo que, por historia y tamaño de la ciudad, siempre es candidato a estar arriba. Y así fue. Alex Cacho debutaba además en el grupo 2 después de cuatro campañas en el 3. Al cuadrar grupos, al Lleida le tocó jugar en la zona vasca, navarra, cántabra, aragonesa y riojana. Los catalanes fueron cuartos tras Alavés, Eibar y Bilbao Athletic. En la fase de ascenso a Segunda, eliminan al Leganés y son eliminados en la siguiente ronda (penúltima) por el Jaén a los penaltis. Partidos jugados: 37 (más 142, 179).

2013-14 (1). Cartagena. El Lleida quería seguir contando con él, pero le surge una buena oportunidad económica y deportiva: el Cartagena dirigido por el exnumantino Luis García Tevenet. Alex jugó los siete primeros partidos. Aunque el equipo no iba mal (tercero), se le exigía algo más. Tevenet hizo cambios que funcionaron, entre ellos el del jugador soriano, que desapareció de las alineaciones. Al menos, siguió jugando en Copa, donde fueron pasando rondas (Guadalajara, Huesca) y Alex Cacho recibió el regalo de jugar 90 minutos en el Camp Nou ante el FC Barcelona. En enero le propusieron cambiar de equipo y aceptó, marchándose al Huracán valenciano. Partidos jugados: 13 (más 79, 192).

2013-14 (2). Huracán. Su siguiente destino no fue muy lejano, pues la segunda parte de la temporada la disputó en el Huracán valenciano, un equipo que fue ascendiendo a base de comprar plazas. Terminaron en una cómoda novena plaza. Partidos jugados: 9 (más 192, 201).

2014-15. Sestao. El Sestao, que se había proclamado campeón de grupo en la campaña anterior pero no logró ascender, se interesó por Alex Cacho. El jugador ya tenía en mente ir acercándose a casa para no perder de vista su futura carrera como maestro en La Rioja, donde estaba opositando. El Sestao había perdido muchos jugadores, así que era una incógnita a pesar de ser el vigente campeón. Alex jugó buena parte de la primera vuelta pero en enero, tras una mala racha, a un compañero y a él les ofrecen salir. Alex apuró enero pero terminó no aceptando, entre otras cosas porque había comenzado estudios de inglés en la localidad vizcaína. Cree que ello supuso que le ‘pusieran la cruz’ y ya apenas jugó hasta final de temporada. El equipo acabó decimotercero. Partidos jugados: 17 (más 201, 218).

2015-16. Izarra. Alex Cacho tiene de nuevo ofertas de Segunda B, bastante lejos de casa. El Domingo de Calderas, el Izarra elimina al Numancia en la ronda definitiva de ascenso a Segunda B. Alex estaba aquel día en la Ciudad del Fútbol. Mediada la pretemporada, le surge la oportunidad de ir al Izarra, un equipo diferente a lo que él conocía, sobre todo porque los entrenamientos se realizan por las tardes. Eso era justo lo que estaba buscando, para poder ejercer de maestro en Logroño (primero, en Albelda de Iregua). Aunque no sacó plaza, va encadenando interinidades. En lo deportivo, el recién ascendido equipo de Estella (a media hora de Logroño) terminó duodécimo. También por circunstancias de la plantilla, el de Ágreda empezó jugando de lateral zurdo… y ahí sigue hasta ahora. Partidos jugados: 35 (más 218, 253).

2016-17. Izarra. Cambio de entrenador (de Sergio Amatriain al joven Borja Jiménez), pero similar planteamiento: entrenamientos por la tarde, una base del equipo de Pamplona, buen ambiente, disfrutar del fútbol… Y el equipo acaba decimotercero, a un solo punto del quinto por la cola, más o menos donde le corresponde a un equipo de ese carácter. Partidos jugados: 31 (más 253, 284).

2017-18. Izarra. Tercer año en tierras de Estella. El equipo ha empezado mal, con dos empates y cinco jornadas en las siete primeras jornadas, lo que ha motivado la destitución de Diego Prendes. La llegada al banquillo del ya citado Nacho Martín, un histórico del fútbol riojano, le ha dado un vuelco a la situación. Los estelleses son decimoterceros, a siete puntos del cuarto por abajo… pero a solo uno del quinto. Queda pelear en la segunda vuelta, pero el Izarra ha vuelto a demostrar que cabe con holgura en la Segunda B, algo que ya demostró hace mucho tiempo Alejandro Cacho Hernández. Partidos jugados: 16 (más 284, 300).

Epílogo. Con 30 años ya cumplidos, con una carrera como docente ya encaminada en tierras riojanas y con las aspiraciones de conseguir algo más grande dentro del fútbol ya diluidas (nunca terminan de desaparecer), Alex Cacho reconoce que el Izarra es el «sitio ideal» para él, tanto ahora como en el futuro más cercano. Y si, por circunstancias, no pudiera seguir en Segunda B, tampoco tendría ningún problema en seguir practicando su deporte favorito en la recogidísima Tercera división riojana.


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Alberto Faricle. Foto: Concha Ortega.

HISTORIAS DEPORTIVAS. Cuando Alberto Faricle Ruiz (12/03/1968) se intentaba hacer un hueco como futbolista cadete en la cantera del Badalona y del Espanyol, «con Xavi Aguado», no podía imaginar que en tan solo unos meses cambiará radicalmente a un deporte que a día de hoy, y 36 años después, se ha convertido en su modo de vida. Las jornadas ligueras en el banquillo y la compra de su padre de una bicicleta Zeus fe el cóctel perfecto para empezar a forjar una afición convertida en pasión. Una pasión que tras muchos años y miles de kilómetros sobre dos ruedas, dio un giró nostálgico hacia lo ‘vintage’, esa esencia pura del ciclismo. La ilusión y el empeño por ingeniar una de las citas más importantes del ciclismo clásico en España, La Histórica, su ilusión y deseo por que su extensa colección de maillots y bidones no quedara en una caja del desván y se muestre ahora en un museo, han hecho que Alberto Faricle, o ‘Petit’, como se le conoce allí, haya convertido a Abejar, donde vive desde hace 18 años, en la villa del ciclismo clásico.

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Faricle reconoce que esta afición por el ciclismo no la ha vivido desde pequeño, aunque una vez «rastreando en la hemeroteca», encontró un antepasado suyo que en el año 1927 ya competía. Fue la compra de una Zeus 2000 por parte de su padre la que comenzó a despertar el gusanillo en la familia. Primero fue Alberto el que comenzó a salir con ella, una primera ruta de «cien kilómetros» donde ya apuntaba maneras y en la que los compañeros de su padre le dijeron que este chico prometía. Su hermano Javier, «un fuera de serie», fue más allá y se ha codeado con ciclistas de la talla de Induraín o Perico Delgado y a día de hoy sigue compitiendo en máster 40 y ganando pruebas.

Un detonante que le llevó a aparcar el fútbol y a competir con el Club Ciclista Bétulo en Cadetes, aunque con licencia del Muskaria de Tudela, donde pasaba los veranos. En Barcelona fichó por los Containers Marrones donde compitió dos años en juveniles, con los primeros trofeos como un campeonato de Cataluña de relevos por parejas, en unos meses frenéticos de competición en los que combinaba carreras individuales y pista. 

En el año 1999 llegó a Soria, concretamente a Abejar, y echando la vista atrás recuerda como ha ido creciendo la afición por el ciclismo en la provincia.

Faricle recuerda cuándo se celebraba la Vuelta Ciclista a Soria para juveniles sin representación local, algo que consideraba «una pena» ya que era la cita «más importante» a nivel nacional, por lo que se puso a trabajar para remediarlo. Así, se embarcó como director deportivo con el equipo ‘Soria ni te lo Imaginas’, por medio del Club Ciclista Calaverón, con un equipo de 14 corredores cadetes y juveniles que comenzaron a hacerse un hueco en el panorama nacional, compitiendo no solo en la cita soriana sino también en pruebas de Castilla y León, Asturias o el País Vasco, con algún trofeo de regreso. Esta bonita etapa de la cantera del ciclismo soriano duró cerca de cinco años, pero el equipo se disolvió cuando la Vuelta Ciclista a Soria dejó de celebrarse.

Entonces, con el ciclismo ya en vena a ‘Petit’ comenzaron a invadirle nuevos retos. Se decantó por los triatlones y se propuso de meta un ironman, algo que completó con 43 años. Sin embargo con ese reto conseguido, se dio cuenta que había que dedicar muchas horas al entrenamiento y el ciclismo le seguía pesando demasiado como para ‘compartirlo’ con otros deportes como el atletismo, en los que había gente con «mucho nivel».

Esta pasión por el ciclismo giró un día hacia lo nostálgico, hacia la esencia de este deporte. «Mirando fotos recordé qué sería de mi bicicleta Zeus», entonces comenzó a rastrear y a buscar concentraciones de ciclismo clásico y de pruebas de este tipo. Descubrió así una prueba como L’ Eroica en Italia, una cita que años más tarde conseguiría completar entre más de 5.000 corredores. 

El recuerdo de su Zeus y el comprobar que no estaba ‘solo’ en esta afición por lo clásico hicieron que le entrara el «veneno» y se dedicara de lleno a preparar lo que, a día de hoy y seis años después, es una de las citas del ciclismo clásico más importantes y multitudinarias de España: La Histórica de Abejar. Dos años preparando recorridos que evocaran a es ciclismo «con caminos de tierra» hicieron que Faricle diera con la tecla y preparara una ruta de cerca de 50 kilómetros por Abejar y sus alrededores idónea para recordar estos años.

Y en el año 2012 esta idea de reunir a amantes de lo ‘vintage’ en un escenario perfecto se convirtió en una realidad. Una primera edición en la que un pelotón de cerca de cincuenta amigos disfrutaron de un día al más puro estilo clásico: bicicletas de más de 25 años de antigüedad, maillots y chichoneras de antaño, avituallamiento a golpe de porrón y torrezno y un gran ambiente no competitivo, dejaron más que confirmado que esta jornada no debía quedarse solo en una idea en la cabeza de Faricle.

Una marcha que comenzó a correr como la pólvora entre los aficionados a lo clásico y que en su tercera edición tuvo que limitar las inscripciones ante la altísima demanda. Ahora, seis años después, la Histórica está más que consolidada y por ella han pasado ex profesionales como Perico Delgado, Fabio Roscioli, Héctor Rondán, Enrique Aja, Julio Espeso, Julio Jiménez, Faustino Rupérez y un largo etcétera.

Con La Histórica ya más que ubicada en el calendario, Alberto quiso ir un paso más allá, y mirando en el desván se dio cuenta de que todo lo que había ido coleccionando a lo largo de su vida no cobraba sentido «ahí guardado». Así surgió la idea de hacer el Museo de Ciclismo Clásico de La Histórica en Abejar. Y como le pasara con la marcha clásica, los inicios fueron complicados y con piedras en el camino, pero ha terminado por convertirse en una realidad. 

‘Petit’ guardaba decenas de bidones y gorras que ha ido recopilando desde los 13 años, en las diferentes pruebas y Vueltas a España que ha ido a visitar, a los que se suman otras decenas de maillots. Todo ello puede verse ahora en Abejar, más de 300 maillots de los que Alberto es capaz de recordar de quién eran y en qué competición lo llevaban puesto. Otros complementos como bicis, cuadros, libros, trofeos y demás complementos pueden verse en este Museo (previa cita al 622013857).

Faricle reconoce que a la gente que va a visitarlo le extraña que un pueblo tan pequeño cuente con un museo de estas características, propio de una ciudad como «Madrid o Valencia». Sin embargo, el estar ubicado en una zona turística y cerca de la carretera, hace que cada vez sea más conocido. Y es que, como cuenta, no es solo un museo, sino un lugar para que todo aquel que como Alberto, no quiera ver estas joyas del ciclismo clásico en una caja del desván, pueda compartirlo en este espacio con los demás aficionados.

Tras años de competición y ahora volcado totalmente en el ciclismo clásico, Petit dedica su tiempo a las salidas con el Club Ciclista Los Muros de Abejar, con el Club Zeus y con todo aquel que como él, quiera compartir su afición y aprovechar todo lo que la provincia de Soria ofrece para ello, eso sí, ya a modo más aficionado como demuestra cada día a través de su canal de Youtube (Faricycle). Ahora queda comprobar si de esa cabeza nostálgica puede salir algún reto más que tarde o temprano pueda hacerse realidad.

Teresa Arroyo


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Foto: Concha Ortega.

HISTORIAS DEPORTIVAS Abel de Vicente de Diego (Covaleda, 02-10-1972) es actualmente el seleccionador nacional de Stihl Timbersports Series, una variante de los deportes tradicionales de corte de troncos que aglutina cuatro especialidades diferentes y que ya congrega a deportistas de 22 nacionalidades en campeonatos mundiales, convirtiendo este arte asociado a las zonas rurales, en un espectáculo global capaz de congregar a miles de personas tanto en directo como a través de la televisión. Además de competir a nivel internacional, De Vicente participa en más de 100 exhibiciones al año tanto en España como fuera de nuestras fronteras. 

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Siendo de Covaleda, no es de extrañar que Abel pronto se viera llamado por el monte y la madera. Claro que sus primeros pasos deportivos los dio dando patadas al balón o mejor, evitando los goles de sus compañeros, pues prefería la portería. También coqueteó con la pelota a mano, pero solo como entretenimiento esporádico y sobre todo como espectador aficionado, pues la llamada de la naturaleza pronto empezó a hacerse más fuerte en su interior. Lo primero que atrajo su atención fue la equitación, pasando muchas horas montando a caballo, hasta que con cerca de quince años comenzó a trabajar y el tiempo de ocio para practicar deporte se diluyó.

Al igual que a muchos trabajadores del monte, el pasar jornadas interminables cortando pinos no fue impedimento para aficionarse al deporte del hacha. Con veinte años comenzó a acudir a campeonatos en Navarra y a cortar, siendo la primera vez en su vida que iba a comenzar a prepararse físicamente para una actividad deportiva.

No sería de extrañar que haya entre los lectores quien cuestione si la actividad de Abel de Vicente entra en la categoría de deporte o no, si bien basta escucharle hablar de técnica, de fuerza, de entrenamiento, de disciplina, y sobre todo de su pelea para ganar unas décimas al cronómetro, para entender que sin lugar a dudas, estamos ante una variante deportiva, aunque eso sí, todavía carente de estamentos federativos ya que está eminentemente enfocado como un gran show. Este aspecto contrasta con los aspectos tradicionales de la corta de troncos y a los que Abel también da importancia, pues no duda en destacar que hay constancia histórica de que en el Siglo XVI, cuando en España contaba con la Armada Invencible, en Soria ya había apuestas entre los habitantes de Quintana Redonda y Pinares para comparar la destreza entre cortadores.

Pero volviendo a la Covaleda de los años 90, por entonces sin tanta afición a este deporte como ahora, más allá de las exhibiciones que se realizaban en fiestas, Abel junto con Francisco Escribano, así como con Ernesto Herrero, que también ha sido internacional de este deporte, y su compañero de la modalidad parejas, Raúl Herrero, comienza su andadura. De esos años, Abel recuerda que a sus vecinos más que sorprenderles su afición, les llamase la atención que pasara de ser «un juerguista» a ser muy disciplinado. Primero competiría a corte largo, es decir, a maratones de cortar muchos troncos. Serían años de competir en los concursos de Pinares, pero también a tener las primeras experiencias en la Sierra de Madrid y Segovia, hasta que las lesiones de espalda propiciarían que se fuera centrando en su mejor habilidad, la del manejo de la motosierra, herramienta con la que se ha convertido en un autentico artista capaz de hacer en pocos minutos espectaculares y complejas esculturas.




Corría el año 2002 cuando se instaura la modalidad Stihl Timbersports Series, que se caracterizan por la velocidad y al requerir una menor exigencia física, y Abel se convirtió en uno de los pioneros al adaptarse a este atractivo formato. Esta disciplina consta de seis modalidades de corte (corte horizontal con hacha, motosierra, corte de hacha vertical, sierra de mano, corte en altura y máquina caliente), por lo que se busca el cortador completo. Hasta 2006 participó en las citas nacionales cuando decidió dejar de competir salvo citas concretas para pasar a convertirse en organizador. Lo que no ha dejado es de entrenar ni de prepararse, ya que siempre ha mantenido su frenética actividad de exhibiciones nacionales e internacionales, que le han llevado incluso a cruzar el charco y demostrar sus habilidades en Colombia.

Desde 2008 es el responsable de este deporte en nuestro país, con la responsabilidad añadida de ser el seleccionador nacional. En este sentido lamenta que su labor se ha complicado ya que la crisis ha impedido que se disputasen las citas nacionales, que eran donde elegía tanto al campeón como al resto de hombres del equipo.  Pese a todo cree que España está mejorando a nivel internacional con gente joven, que aunque no tiene fácil entrenar ni iniciarse por los costes de la madera y las herramientas, tienen un gran talento.

Sobre el futuro, De Vicente tiene todavía muchos sueños que cumplir. Por un lado, reconoce que le gustaría ofrecer a los sorianos un espectáculo como es el campeonato de España, porque Mariano Granados sería un lugar óptimo para hacerlo, aunque lamenta que hasta el momento no haya habido demasiado interés por apoyar sus iniciativas desde las instituciones locales. Por el lado deportivo, ante el poderío de Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Cánada, estaría sobradamente satisfecho si España lograra meterse en un podio mundial o al menos, se convierta en uno de los mejores conjuntos del continente europeo. 


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